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Reseña «Zen en el arte del tiro con arco»

zen

Hoy hablaremos de un libro peculiar y, en ocasiones, complejo: «Zen en el arte del tiro con arco», por Eugen Herrigel. Eugen fue un filósofo alemán, amante de la filosofía oriental que, a través de su obra, intentó aproximar el concepto de «zen» al mundo Occidental.

Te seré sincero: es uno de los libros más enrevesados y confusos que he leído. Extraer una interpretación clara de él es complejo, por lo que he decidido aplicar lo aprendido a una disciplina conocida por todos: la meditación. Vamos a ello.

Zen en el arte del tiro con arco, un breve resumen

Como decía, Eugen fue un filósofo alemán, que impartió clases en la Universidad Imperial de Tohoku en Sendai, Japón, de 1924 a 1929. Durante ese tiempo, y movido por su interés hacia el mundo oriental y el zen, decidió, junto a su mujer, practicar los caminos de este noble arte.

Para ello, escogió el tiro con arco, como arte y vehículo para entender el zen y sus misterios. Desde el punto de vista occidental, entender esta filosofía era un verdadero reto, por lo que, para desaprender lo ya aprendido, era necesario entregarse a una de estas nobles artes (danza, tiro al arco, arreglos florales, etc). Pero, ¿por qué tiro con arco?

El Zen y lo «inútil»

Para entender el por qué de utilizar el tiro con arco como vía para conocer el Zen, podemos fijarnos en las palabras de Eugen:

«Uno de los factores esenciales en la práctica del tiro de arco y de las otras artes que se cultivan en el Japón (y probablemente también en otros países del lejano Oriente), es el hecho de que no entrañan ninguna utilidad. Tampoco están destinadas a brindar goce estético, sino que significan ejercitación de la conciencia que ha de relacionarse con la realidad última. Así pues, el tiro de arco no se realiza tan solo para acertar el blanco; la espada no se blande para derrotar al adversario; el danzarín no baila únicamente con el fin de ejecutar movimientos rítmicos. Ante todo, se trata de armonizar lo consciente con lo inconsciente.»

Para comprenderlo mejor, podemos utilizar el ejemplo de la meditación. Al igual que el tiro con arco (desde el punto de vista oriental), meditar no es el medio para un fin, sino el fin en sí mismo. Es decir, no meditamos para alcanzar algo, sino por el simple hecho de tomar conciencia y calmar la mente.

Al superar la necesidad de practicar por un fin, entramos en lo que Eugen describe como un «arte sin artificio, emanado de lo inconsciente. Ese algo tan distinto, que pertenece a una muy otra categoría, se llama satori.» Satori significa «hallarse allende los límites del yo», siendo el estado alcanzado tras años de práctica en una de las nobles artes orientales.

Zen, el tiro con arco y Dragon Ball

Según Baso Matsu (fallecido en el 788), el Zen es «la conciencia cotidiana». Esa «conciencia cotidiana» no es otra cosa que «dormir cuando se tiene sueño; comer cuando se tiene hambre».

Como dice Baso Matsu: «Ya no comemos cuando comemos; ya no dormimos cuando dormimos. Se disparó la flecha, pero no vuela en línea recta hacia el blanco, y éste no está donde debería hallarse.  El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el «candor infantil» a través dé largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos.»

Por tanto, el «arte» del tiro de arco pasa de ser un reto puramente físico a «una maestría cuyo origen ha de buscarse en ejercicios espirituales y que tiene por finalidad acertar en lo espiritual. En el fondo, el tirador apunta a sí mismo y tal vez logre acertar en sí mismo. […] De modo, pues, que sólo en ese enfrentamiento del arquero consigo mismo se revela la esencia oculta de ese arte.»

Eugen lo explica a las mil maravillas en el siguiente párrafo: «Por eso, el tiro de arco de ninguna manera puede significar un intento de lograr algo exteriormente, con arco y flecha, sino interiormente, con el propio yo. Arco y flecha son, por decirlo así, nada más que pretexto de algo que podría darse también sin ellos; el camino hacia una meta, no la meta misma; ayudas para dar el salto final y decisivo.«

De esta forma, el tiro con arco se convierte en una búsqueda interior, tal y como ocurre con la meditación. Así lo ejemplifica el maestro arquero que instruyó a Eugen y su mujer:

«Esta es la consecuencia del arte del tiro de arco: un enfrentamiento del arquero consigo mismo que penetra hasta las últimas profundidades. Probablemente no se habrán dado cuenta, pero lo sentirán sin duda cuando se reencuentren en su país con sus amigos y relaciones; ya no habrá la misma armonía de antes. Ustedes ven muchas cosas de manera distinta y miden con otras medidas.«

Y, en un campo más friki, es el estado de dominio de uno mismo, en el que cuerpo y mente están sincronizados, tal y como podemos ver en el manga Dragon Ball. Goku, el protagonista, es capaz de llevar un paso más allá sus poderes gracias a la total liberación de su ego, actuando por instinto (o, en este caso, por «Ultra Instinto»):


Las lecciones del maestro

A lo largo de la obra, Eugen plasma el camino que le llevó a dominar el arte del tiro con arco, atribuyendo la mayor parte de su éxito a las indicaciones de su maestro. De entre todos sus consejos, uno se repite con insistencia, dada su importancia:

«Éste es precisamente su error: usted se esfuerza, usted piensa en ello. ¡Concéntrese sólo en la respiración, como si no tuviese que hacer otra cosa!»

Podemos apreciar el paralelismo con la meditación, en la cual la respiración y su contemplación son clave. Esta idea se repite a lo largo de la obra, afianzando el paralelismo de ambas artes.

La meditación y el Zen

Aunque aplicada al tiro con arco, el maestro ilustra la verdad de la meditación de forma brillante: «Desprendiéndose de si mismo, dejándose atrás tan decididamente a sí mismo y a todo lo suyo, que de usted no quede otra cosa que el estado de tensión, sin intención alguna.»

Tal y como explica Eugen, este camino del desprendimiento de uno mismo fue dividido por el maestro en distintos tramos, los cuales debían practicarse con esmero. Los ejercicios de cargar la flecha o tensar el arco son equivalentes a los primeros pasos de la meditación, donde se nos enseña a tomar conciencia del cuerpo y la respiración.

Y, por si quedaba alguna duda de la relación entre el arte del tiro con arco y la meditación, Eugen zanja la polémica, a través de la siguiente idea:

«Con el tiempo, uno se insensibiliza hasta para estímulos bastantes fuertes, y al mismo tiempo se independiza de ellos con mayor facilidad y rapidez. Sólo se debe vigilar atentamente a que el cuerpo, de pie, sentado o acostado, se halle lo más relajado posible, y luego concentrarse en la respiración. Pronto uno se sentirá aislado como por envolturas impermeables.»

Pero, va más allá, ejemplificando el escenario en el que, tras alcanzar un estado de profundo meditación, rozamos las puertas del sueño:

«Así se entra poco a poco en un estado similar a la aletargada relajación que precede al sueño. Deslizarse definitivamente en él es el peligro que debemos evitar. Lo conseguimos mediante un peculiar salto de la concentración, comparable tal vez al impulso que se da un trasnochado que sabe que su vida depende de la vigilia de todos sus sentidos; y si se ha conseguido dar ese salto, aunque sea una sola vez, se lo podrá repetir siempre con toda seguridad.«

El maestro, una vez avanzado el entrenamiento, debía interceder para que el ego del aprendiz no se desbocara. Eugen nos ofrece varias pistas de este comportamiento, en palabras de su propio maestro:

«Los impactos en aquel blanco no son más que pruebas y confirmaciones exteriores de su no-intención. Ya sabe que no debe enojarse por los tiros fallados. Pero tampoco debe regocijarse con los logrados. Tiene que desprenderse de ese fluctuar entre placer y desplacer.»

Finalmente, Eugen describe de forma muy acertada el poder de la presencia del mentor, como una figura a la que acudir en momentos de turbación:

«En aquella época el maestro me prestaba aún otra ayuda que también llamaba transferencia inmediata del espíritu. Cuando mis flechas erraban continuamente, él disparaba algunos tiros con mi arco. La mejoría era asombrosa; era como si el arco se dejara estirar de otra manera, como si fuese más dócil, más comprensivo.»


Conclusión

Resumir y extraer un significado de esta obra no es sencillo y, en última instancia, tampoco era mi intención. Simplemente, he querido apuntar los paralelismos que he encontrado con una práctica más cercana a nuestros días, la meditación.

«Zen en el arte del tiro con arco» es uno de esos libros atemporales, los cuales, gracias a su significado ambiguo, pueden dar pie a diversas interpretaciones. Si el tema te interesa, te aconsejo leer la obra completa, para que puedas extraer la tuya:

Antes de acabar, decir que existe una obra, un tratado de Takuan (gran maestro del Zen), llamado La Aprehensión Inmutable, donde se expone la relación entre el Zen y el arte de la espada. No lo he leído, pero, si te gusta esta obra, puede que el tratado te interese.

Sin más que decir, me despido. Déjame en los comentarios qué te ha parecido la obra y, recordarte que he sacado un libro, «Como mi caniche se convirtió en San Bernardo». Puedes echarle un ojo si te apetece. 😉

Un abrazo,

-Javier

Cómo superé la hiperhidrosis

Mano sudor

Si has llegado hasta aquí, seguramente sufras de hiperhidrosis o sudoración excesiva. Me llamo Javier y, desde hace 6 años, convivo con esta «alteración», día tras día.

Tras años de prueba y error, puedo decirte que he conseguido dejar la hiperhidrosis en un segundo plano. El sudor ya no condiciona mi vida y, viendo cómo tantas personas viven inseguras debido a esta afección, decidí recopilar en un libro los métodos que he seguido para reducir mi sudoración.

Soy consciente de las decenas de «trucos milagrosos» contra el sudor que se venden por Internet, por lo que, entiendo tu posible susceptibilidad. Por esta razón, he decidido, a lo largo de este post, explicarte los métodos que detallo en el libro, para que, si no quieres, no tengas que adquirirlo. Obviamente, la guía completa entra más al detalle, pero, con lo que te explicaré aquí, tendrás una buena base para empezar.

Soy consciente de que hablamos de salud, por lo que no quiero venderte nada. Yo también gasté mi dinero en «promesas» vacías, que, al fin y al cabo, no consiguieron reducir el sudor. Mi idea es que, una vez hayas leído este artículo, tengas las claves para combatir la hiperhidrosis. Adquirir el libro te ayudará, pero no es imprescindible.

Pero, para empezar, déjame contarte mi experiencia.

Mi historia con la hiperhidrosis

Quizá ya lo sepas, pero, de no ser así, te estarás preguntando: ¿qué es la hiperhidrosis? Según Internet: «la hiperhidrosis es una enfermedad caracterizada por una excesiva producción de sudor ecrino en uno o varios niveles del cuerpo, de forma crónica; condicionando las relaciones personales y las actividades sociales.»

Básicamente, sudar en exceso sin motivo aparente. El problema radica en una alteración del sistema nervioso simpático, afectando a la calidad de vida del paciente. Para que lo entiendas mejor, te contaré mi historia.

Hace unos 6 años, volvía a casa tras cenar con mis amigos. Era un día de principios de otoño y hacía frío (recuerdo volver a casa y, nada más llegar, quitarme el abrigo). Cuando me estaba cambiando, noté algo extraño: mi camiseta presentaba sendas manchas de sudor en las axilas.

Esto no tendría nada de extraño en otras condiciones, pero, con el frío que hacía en la calle, era imposible sudar tanto. No le di mucha importancia, pero, cuando la historia se repitió las semanas siguientes, empecé a preocuparme. Busqué información en Internet (cosa que no recomiendo tratándose de tu salud) y, por primera vez, me topé con la palabra «hiperhidrosis». Tenía hiperhidrosis y, desgraciadamente, sería para toda la vida.

La sudoración excesiva marcó los siguientes años de mi vida. Por aquel entonces, iba al instituto y, día tras día, vivía preocupado porque otros notaran el sudor de mis axilas o de mis manos. La sudoración se centraba en mis manos, pies y axilas y, llegó un punto en el que me aterraba el hecho de dar la mano a otra persona.

No poder tocar a otros por temor a ser juzgado es duro, aún más en la adolescencia. Mi armario se convirtió en una sucesión de camisetas blancas y negras, las únicas en las que el sudor pasaba desapercibido. Probé decenas de desodorantes, antitranspirantes y demás remedios, con escasos resultados. Compré libros sobre el tema y recorrí Internet de arriba abajo, buscando una solución. El sudor me estaba asfixiando y no podía seguir así.

6 años después, puedo decir que la hiperhidrosis ya no condiciona mi vida. Sigo sudando (mucho menos que antes), ya que es algo inevitable. También me sigo poniendo nervioso en determinadas situaciones, pero es algo puntual. Ya no vivo para ella y es mucho más de lo que habría podido imaginar años atrás.

Y, esta es mi historia. Como ves, no es nada espectacular: solo soy un chaval que, a fuerza de buscar e insistir, logró sobreponerse a un problema. Uno de tantos pacientes de hiperhidrosis. Por esta razón, no quiero venderte fórmulas mágicas. Tan solo te contaré lo que hice para llegar a este punto y, te aseguro que es más sencillo de lo que parece.

Cómo superé mi sudoración excesiva

La hiperhidrosis no tiene cura: vas a sudar más que una persona promedio, hagas lo que hagas. Por eso, no hablo de cómo «eliminé» el sudor, porque es imposible (aunque ciertas personas en Internet aseguren lo contrario).

El objetivo no es «no sudar nada», sino normalizar la situación para que la hiperhidrosis no ocupe todos tus pensamientos. Te habrás dado cuenta de que, cuanto más piensas en que estás sudando, más lo haces. La clave consistirá en, cuando comiences a sudar, no darle tanta importancia. Sé que es fácil decirle, pero requerirá de varios métodos, tiempo y paciencia.

A mí me llevó años entenderlo, y de ahí que decidiera escribir «Vivir sin sudor», el libro que recoge mi experiencia con la hiperhidrosis. El libro es un atajo para ahorrarte tiempo y dinero en métodos inútiles, pero, aun así, requerirá dedicación y paciencia. De todas formas, y como te decía antes, te daré las claves principales en este post.

Los 2 métodos que usé para reducir mi sudoración

Seguramente, no es la primera web sobre hiperhidrosis que visites, por lo que considero que estás informado de lo básico. Llevar una alimentación sana, descansar lo suficiente y hacer deporte son los pilares base para reducir el efecto de la hiperhidrosis, por lo que, en este artículo, tan solo los nombraré.

Obviando estos consejos básicos, quiero explicarte los 2 métodos en los que se basa el libro. El primero de ellos, se centra en la hiperhidrosis axilar, mientras que el segundo, en la palmar (aunque no lo haya probado, he leído que también puede aplicarse en la plantar).

Llevo utilizando estos métodos durante años y, a día de hoy, me siguen funcionando perfectamente. Cada persona es distinta y, lo que le funciona a una puede no hacerlo a otra, pero estoy seguro de que estás soluciones pueden paliar la sudoración de la gran mayoría de personas.

Método 1: Hiperhidrosis axilar

Desde que encontré este producto, mi sudoración en las axilas se ha regulado hasta niveles «normales». A partir del primer tratamiento, mis axilas se mantuvieron sin sudor durante varios días y, una vez pasado cierto tiempo, este volvió, pero en menor medida.

Estoy hablando de las toallitas Hiposudol, fabricadas por el laboratorio Viñas. Puedes encontrarlas en tu farmacia o en Internet y se deben aplicar por la noche, antes de irse a la cama. Si todo va bien, al día siguiente el sudor se verá muy reducido.

Toallitas Hiposudol
Este es el aspecto de las toallitas, aunque existen múltiples formatos.

Cuando las probé, me pareció cosa de magia. Mis axilas no sudaban en absoluto, ¡incluso cuando hacía deporte! Actualmente, las aplico cada 2 o 3 semanas, pero, al principio, las usaba 2 veces por semana. La frecuencia de uso dependerá de tu nivel de sudoración, pero, te advierto que, si tienes la piel sensible, es bastante irritante.

En su web, se detalla el modo de empleo y las recomendaciones generales, que te aconsejo seguir. Obviamente, tienes más información en el libro, pero, con lo visto hasta ahora, te es suficiente.

Método 2: Hiperhidrosis palmar (¿y plantar?)

El sudor en las manos era uno de mis mayores complejos, por lo que recorrí todo Internet buscando una solución. De esta forma, encontré lo que buscaba, el método para reducir la hiperhidrosis palmar: la iontoforesis.

Esta técnica, enmarcada dentro de la electroterapia, se basa en «introducir iones de sustancias activas a través de la piel, gracias a la aplicación de corriente continua de baja intensidad a los tejidos, mediante la colocación de 2 electrodos. El fundamento es que las sustancias iónicas poseen carga eléctrica y tienden a desplazarse hacia el polo de signo contrario, donde son absorbidas a través de la piel».

Básicamente, en someter las manos al paso de la corriente, con el fin de debilitar o «adormecer» las glándulas sudoríparas, reduciendo de esta forma la sudoración. Esta técnica se lleva aplicando desde los años 70 y no presenta efectos secundarios importantes (al menos, de momento).

Pero, no es oro todo lo que reluce. Los aparatos de iontoforesis son bastante caros, con precios que rondan los 300€ (aquí tienes un ejemplo). En su momento, no podía permitirme comprar uno, por lo que tomé una decisión: construir mi propio aparato de iontoforesis.

Ionomat
Este es el aspecto del Ionomat, uno de los múltiples aparatos homologados de iontoforesis.

El cómo lo hice, puedes encontrarlo en el libro, pero no quiero explicarlo aquí. La razón es sencilla: no tengo ni idea de si es seguro. Yo lo he utilizado y no he tenido problemas, pero no me hago responsable de que te ocurra lo mismo.

Tal y como te explico en el libro, tu primera opción debería ser hacerte con un aparato oficial y homologado, por muy caro que sea. Estos aparatos son seguros, mientras que uno casero, no. Por mucho que tengas que ahorrar o esperar, es preferible que lo hagas así.

Yo construí el mío por desesperación, pero, de haber podido, habría optado por el oficial. Si aun así quieres fabricar el tuyo (piénsatelo bien), puedes encontrar tutoriales en Youtube (de los que tomé ideas) o optar por el ejemplo de mi libro. Eso sí, primero infórmate sobre las contraindicaciones de la técnica.

En mi caso, solo lo utilicé en las manos, pero, según lo que he leído, también puede usarse en los pies. Realicé sesiones diarias (de unos 20 minutos) durante 2 o 3 semanas y el sudor se redujo casi por completo. Actualmente, me aplico sesiones cada 2 semanas, más o menos, con el fin de mantener el efecto.

La duración e intensidad de estas dependerá de tu grado de sudoración, por lo que consistirá en ir probando. De todas formas, tienes más información en el tutorial que te he dejado hace dos párrafos.

La parte mental

Como te decía, estos son los 2 métodos que utilizo para reducir la sudoración. Son simples y efectivos, aunque requieren paciencia. No vas a dejar de sudar de la noche a la mañana, eso tienes que tenerlo claro.

En mi caso, fue un proceso a largo plazo. Como cada vez sudaba menos, mi preocupación fue disminuyendo. He llegado a la conclusión de que el poder que ejerce la hiperhidrosis proviene de nuestra mente. Los métodos anteriores son una especie de parche, que proporciona espacio a tu mente para ver el problema con mayor perspectiva.

Horizonte
A la larga, el problema no es sudar, sino pensar que vas a hacerlo.

En el libro, hablo más en profundidad del papel que desempeña nuestra mente, en relación al sudor. Lo que te recomiendo es que, a la par que sigues los consejos de este post o del libro, trabajes en ti y te cuides. Hacer deporte y alimentarte de forma eficiente no solo reducirá el sudor, sino que te dará la confianza necesaria para no amargarte por sudar más de la cuenta.

Y, esto es vital, porque habrá recaídas. Si eres consciente de ello y lo tomas como algo natural, no habrá problemas. Sin embargo, si le das una importancia que no merece, te será complicado volver a salir de ello. Sudar es normal y, hasta que no lo aceptes, te verás envuelto en un círculo vicioso.

Pero, no te preocupes, para eso están los consejos que te he ofrecido a lo largo del artículo.

«Vivir sin sudor», un atajo

Mi propósito era resumir el libro en un solo post, y creo que lo he conseguido. Las ideas principales están ahí. A mí me han funcionado y sentía que estaba siendo egoísta si no las compartía con otros.

Como te explicaba, tienes toda la información necesaria para empezar. En mi libro, «Vivir sin sudor», se recoge todo lo anterior, ampliándolo con más detalles. Si quieres profundizar más, puedes adquirirlo, eso queda a tu elección.

portada
Portada de «Vivir sin Sudor»

Más que un libro, es una pequeña guía. Está disponible en versión digital y, lo más interesante, en mi opinión, es que te explico más en detalle cómo hice mi aparato de iontoforesis (aunque, recuerda que uno homologado debería ser tu primera opción).




Sé que, en temas de salud, reina el escepticismo. Es normal, a mí también me ocurre y, con un tema como la hiperhidrosis, aun más. Mi intención es ayudar, a través de mi experiencia, y eres libre de seguir o no mis pasos. Si te convence, perfecto. Y, si no lo hace, perfecto también.

Nunca creí que diría esto, pero la hiperhidrosis ha sido un regalo (a la larga, claro). Me ha permitido conocerme mejor y buscar soluciones a problemas que parecían imposibles. Es normal que no lo veas así ahora, yo tampoco lo hacía hace un tiempo. Sin embargo, lo creo así y espero que tú también llegues a ese punto.

Antes de terminar, recordarte que no soy ningún experto o profesional. Te animo a que acudas a tu médico para escuchar distintos puntos de vista. Por otro lado, me resulta imposible condensar tantos años y preguntas en un solo artículo. Todas las dudas que tengas, puedes dejármelas en los comentarios o en el correo vivirsinsudor@gmail.com.

Eso sí, siempre desde el respeto. 😉


Espero que te haya resultado útil. Si es así y conoces a otros que también sufren esta «alteración», me gustaría que lo compartieses con ellos. Cuantos más testimonios y experiencias tengamos, más sabremos sobre la hiperhidrosis, sus causas y sus posibles soluciones.

Gracias por llegar hasta aquí. Normalmente, mi blog no se centra en este tema, pero necesitaba hablar sobre ello. Con tal de haberte ayudado un poco, me quedo satisfecho.

Un abrazo,

-Javier

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Mi batalla contra el azúcar

fresas y azúcar

Hace poco, publiqué un post sobre la adicción al azúcar, en el cual explico mis dudas y consejos a la hora de reducir la ingesta de azúcares. En dicho post, Joaquín, creador del blog Momento Imperfecto, me comentó su experiencia con el azúcar.

Su historia me pareció interesante, por lo que le propuse hablar sobre ella en el blog. Aceptó encantado y, por esta razón, estamos aquí hoy. Te dejo con Joaquín y su «batalla» contra el azúcar. Y, no te olvides de pasarte por su blog; estoy seguro de que te gustará. 😉


Este es un artículo de invitado de Joaquín Díaz, creador de Momento Imperfecto.

Contaba Javier Teja en este mismo blog su experiencia con el azúcar, la adicción a la que estamos sometidos y de la que él se había dado cuenta.

Tras ver su artículo, se me vinieron a la mente los cambios que yo recientemente he realizado en mi alimentación para salir de esta adicción y, por si a ti, que me estás leyendo, te sirve de algo, voy a pasar a relatarte cómo ha sido mi último año y medio luchando contra el azúcar.

Lo primero decirte que llevo prácticamente toda mi vida haciendo deporte, pero es cierto que nunca me había puesto estricto con la dieta. No le daba importancia, creía que no necesitaba privarme de nada, porque, total, luego lo quemaba todo.

Eso sí, en mis entrenamientos me exigía el máximo y los llevaba siempre a rajatabla porque pensaba que era la única forma de mejorar mis tiempos y rendir al máximo. En esa época todavía no sabía que podía mejorar mucho más en mi faceta deportiva realizando algunos simples cambios en mi alimentación.

En los últimos tiempos, el tema del azúcar me llevaba dando vueltas por la cabeza y poco a poco empecé a informarme. Descubrí páginas de esas que te dejan, como se diría vulgarmente, con el culo torcido.

¿Cuántos gramos de azúcar tiene cada alimento?

La principal y más impactante fue, sin duda, sinAzucar.org, una web que recoge gráficamente cuánto azúcar incluye cada producto a través de terrones de azúcar de 4 gramos.

Así, de un simple vistazo, podemos observar como una palmera de chocolate de tamaño grande, de esas que a casi todo el mundo encantan o por la que suspiran muchos cuando pasan frente a una pastelería, contiene nada más y nada menos que 33 terrones de azúcar, o sea, 132 gramos.

niño con nutella
¡Atención! Muchos productos creados y enfocados para niños desde la publicidad contienen altas cantidades de azúcares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el azúcar diario solo debe representar un 5% de nuestra dieta. Una persona adulta que ingiera unas 2.000 calorías al día debería consumir como máximo unos 25 gramos de azúcar. Es decir, unos 6 terrones. Eso significa que si por casualidad desayunas este Cola Cao, ya habrás cumplido, nada más levantarte, con tu cupo de azúcar.

Y como la fruta lleva azúcar, a lo mejor te preguntarás: ¿eso significa que ya no puedo comer fruta el resto del día si me tomo un Cola Cao? No, pues la OMS se refiere a los azúcares libres. Los azúcares intrínsecos de las frutas y verduras no se incluyen dentro de esos 25 gramos.

El azúcar para los deportistas también tiene un límite

En este contexto, me empecé a replantear cumplir con este objetivo o al menos reducir los azúcares libres que ingería a lo largo de un día.

Desapareció de mi dieta la bollería industrial. No es que abusara de ella, o eso creía, pero me desengañé tras leer entrevistas de expertos nutricionistas, ya que comerla una vez al día sí es demasiado, aunque siempre me había parecido que no.

Por ejemplo, hace años podía desayunar tranquilamente un vaso de leche y dos tostadas de Nocilla. No hace falta calcular cuántos gramos de azúcar son para saber que a las 8:00 de la mañana salía de casa con un subidón de azúcar considerable, sobrepasando todos los límites recomendados.

Es verdad que las personas que somos atletas y realizamos actividades de resistencia podemos sobrepasar ese límite con alguna bebida isotónica, barrita energética o geles que nos aporten la energía necesaria para desarrollar nuestra actividad física, pero por normalidad es mejor evitar este tipo de azúcares.

barritas
Las barritas energéticas son muy utilizadas por los profesionales para deportes de alta exigencia y duración como el ciclismo.

Sí, lo siento. No hay barra libre para tomar azúcar sin remordimientos con la excusa de que haces deporte a diario.

Según los nutricionistas, consumir productos que tengan más de 6-7 gramos de azúcar por cada 100 g no es conveniente ni para deportistas ocasionales ni para personas que no practican deporte.

A no ser que, como indicábamos, hablemos de deportistas que realizan competiciones de alta exigencia y de varias horas de duración y que, lógicamente, necesitan reponer su organismo con algo de azúcar para poder continuar desarrollando su actividad.

La odisea de conseguir una barbacoa sin azúcar

Me seguí informando sobre estos temas y finalmente llegué a la conclusión de que tenía que reducir el azúcar de mi dieta. Y lo primero que hice fue comenzar a leer las etiquetas de los ingredientes de todos los productos cuando iba al supermercado. Ahí es cuando verdaderamente algo me hizo clic. Puedes probarlo y alucinarás.

Me di cuenta de que casi todo lleva azúcar y en cantidades que ni de lejos imaginaba. Cuando, por ejemplo, vi que los yogures que tomaba tenían cada uno 15 gramos de azúcar, dije todo digno: “no puede ser, hasta aquí hemos llegado”.

Y ahí comenzó mi batalla contra el azúcar. Nada de yogures con azúcares añadidos, ni bollería industrial, ni galletas, ni bebidas azucaradas, ni zumos de frutas, ni cereales, ni salsas industriales… Ni Nocilla, por supuesto.

Hablando de salsas, todavía recuerdo recorrerme todos los súper de mi barrio buscando una salsa barbacoa que no tuviera alrededor de 30 g de azúcar por cada 100 gramos de producto. Fue imposible. Al final tuve que comprarla online, es verdad que una salsa saludable con 0% de grasas y azúcares es algo más cara que las tradicionales, pero por salud merece la pena.

Cómo consumir cada vez menos azúcar

Los últimos estudios han indicado que cada español consume de media 111 gramos de azúcar diarios, multiplicando por 4,5 veces lo que marca la OMS. No es un dato extraño, tú mismo puedes ponerte a repasar lo que comes cada día o a mirar los productos que tienes en la nevera y verás que no es tan descabellado alcanzar los 100 gramos de azúcar en una jornada.

El azúcar está por todas partes y soy consciente de que el esfuerzo para ignorarla es ímprobo, pero si has llegado hasta aquí es porque estás dispuesto y comprometido a llevar una alimentación más sana y baja en azúcar.

café con azúcar
La típica imagen del terrón de azúcar endulzando el café ya la podemos empezar a desterrar de nuestra mente.


Puedes iniciarte dando pequeños pasos. Te dejo 6 muy sencillos que puedes aplicar desde ya:

  • Lee la etiqueta de los ingredientes y si el número del apartado “de los cuales azúcares” es muy alto, no eches ese producto al carrito.
  • No pidas postre cuando comas fuera, normalmente una dosis de azúcar te espera en el último plato (vale, puedes hacerlo solo si es una pieza de fruta).
  • Cambia los refrescos y bebidas azucaradas que sueles tomar por agua o infusiones.
  • Come fruta entera (azúcares intrínsecos) en vez de zumos o batidos de frutas (azúcares libres).
  • Raro será que no te guste el chocolate, si es así, consume chocolate con altos porcentajes de cacao (no menos del 85%).
  • Olvídate del azúcar blanco, del azúcar moreno o de la sacarina, si te gusta el café, prueba a tomarlo solo sin endulzarlo.

¿Por qué deberías reducir el azúcar de tu dieta?

Por salud, claramente. Sabemos que en cuestión de alimentación la clave es la moderación. Como vemos en los anuncios de televisión, una dieta variada y equilibrada es la mejor opción.

Sin embargo, en lo que coinciden la mayoría de nutricionistas es que consumir altas cantidades de azúcares añadidos no beneficia en absoluto a quien las consume y a la larga este hábito alimenticio puede terminar derivando en enfermedades cardiovasculares, diabetes u obesidad.

dulces
El azúcar es adictivo y, en exceso, perjudicial para nuestra salud, pero poca gente podría resistirse a comer algo de esta mesa, ¿verdad?

El azúcar no debe excluirse de la dieta, pero su ingesta debe adecuarse al peso que tengas y la actividad física que realices.

Yo, desde que reduje el azúcar de mi dieta y me propuse buscar productos alternativos a esos que nos quieren meter por los ojos, he notado dos cosas.

La primera es que he bajado de peso. Soy una persona bastante delgada de por sí, pero aun así he logrado estar 3-4 kilos por debajo de lo que pesaba hace un tiempo.

Y la segunda es que esta reducción de peso me ha ayudado a mejorar mis tiempos en atletismo. En el último año he logrado batir todos mis registros en las carreras en las que he participado ayudado por un peso más ligero y una alimentación más sana.

Por tanto, te animo a que empieces a dar esos pasitos para poder así ir transformando tu dieta. Si te informas y le pones voluntad pronto dejarás de depender tanto de esta droga del siglo XXI, tal cual la definió aquí mismo Javier Teja.

Advertencia: No soy médico ni mucho menos especialista en Dietética y Nutrición, todo lo que comparto aquí es bajo mi experiencia personal, lo que he vivido y experimentado y en base a los datos, estudios y opiniones de expertos sobre los que me he ido informando a lo largo de esta (mi) batalla contra el azúcar.

Este ha sido un post de Joaquín Díaz, creador de Momento Imperfecto

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¿Cómo superar la adicción al móvil?

Volvemos a la carga con un post, en mi opinión, muy interesante: la adicción al móvil. Parece que la cosa va de adicciones, ya que hace poco hablamos de la adicción al azúcar, pero creo que es un tema que ha ganado fuerza en los últimos tiempos.

Hoy te hablaré de los pasos que estoy siguiendo para disminuir el uso del teléfono, para que, si lo crees conveniente, puedas replicarlo. Empecemos con la desintoxicación.

Una adicción muy real

Sin siquiera conocerte, puedo asegurar que, lo primero que haces al levantarte es coger el móvil. Has desarrollado un superpoder: eres capaz de encender y desbloquear tu teléfono incluso antes de darte cuenta de que te has despertado.

Al menos, este era mi caso (y, en menor medida, lo sigue siendo). Mi rutina era salir de la cama, encender el móvil y pegarme un maratón de WhatsApp, Youtube e Instagram. Ahí se iban los primeros 30 o 40 minutos de mi día.

Pero, la cosa no ha hecho más que empezar. Esa media hora larga era la primera del día, llegando a sobrepasar las 4 horas de consumo diario. Sí, como lo has oído: 4 horas pegado al móvil, cada día. Si asignamos 8 o 9 horas al sueño, podríamos decir que disponemos de unas 15 horas al día. Pues bien, 4 de ellas (es decir, el 27% de esas 15 horas), las invertía en redes sociales y demás aplicaciones.

Estamos hablando de más de un cuarto del día. Eso es mucho tiempo. Y, sobre todo, si tenemos en cuenta que ese tiempo se invertía en Instagram, Youtube o cualquier otra red social. Si me dedicase profesionalmente a ello, tendría sentido, pero lo único que hacía era perder el tiempo en cosas que no me aportaban nada.

móvil
¿Qué estará haciendo «The Rock» en este momento? Voy a mirar…

Y no soy el único. La adicción al teléfono móvil tiene nombre, nomofobia, y está catalogada como enfermedad o trastorno para la salud mental. El boom de los teléfonos móviles ha arrasado entre los jóvenes, presentándose en una etapa de cambios como es la adolescencia. La dependencia es real y múltiples estudios la avalan (aunque, no creo que hagan falta estudios para darnos cuenta de ello).

Si no puedes salir de casa sin el teléfono, tienes el impulso de consultarlo cada 5 minutos o lo usas constantemente, aun cuando estás con tus amigos, seguramente sufras dependencia. Aunque, supongo que ya lo sabes. Es de las pocas adicciones que todo el mundo contempla y reconoce, pero no hace nada por cambiar.

Recuerda: si utilizas tu móvil unas 4 horas de media al día, estarás invirtiendo el 27% de tu tiempo (y sí, es demasiado).

¿Por qué deberías desengancharte?

Durante este confinamiento, he sido muy consciente de mi adicción al teléfono, pero, como todo en la vida, no sirve de nada reconocerlo y no ponerle remedio. Así que, dado que era un reto para mí, decidí buscar razones de peso para limitar mi uso del móvil.

Mi tiempo es valioso

Una de las razones que me empujó a desengancharme fue el tiempo. No quiero malgastar horas y horas viendo las stories de otras personas (por muy amigos míos que sean) ni las discusiones por Twitter de si es mejor la sopa de fideos o la de letras.

Mi tiempo, como el de todos, es valioso y pasarme la mañana entera en las redes sociales no me va a aportar gran cosa. Perder un cuarto de mi día en la red no me compensa.

Desconectar para conectar

Otra de las razones fue la conexión con mi entorno. No me malinterpretes, creo que aplicaciones como WhatsApp son geniales para conectar con personas que tienes lejos y a las que no puedes ver en mucho tiempo, pero tiene su lado negativo.

Es paradójico que, en un mundo interconectado, estemos más solos que nunca. Estamos perdiendo el mirarse a los ojos y hablar de tú a tú. Porque, dejémoslo claro, de nada sirve hablar a la vez con 20 personas por WhatsApp, si ese es vuestro único contacto.

Quizá sea yo el raro, pero prefiero un 10 minutos de conversación con una persona de carne y hueso que 2 horas de mensajes cruzados a través de un aparato. Y, lo siento, pero hacer un reportaje de mi día a mis contactos no va conmigo.

Básicamente, quería dejar de estar pendiente de los mensajes en cada momento, para mejorar mis relaciones. Si alguien quiero contarme algo o viceversa, y podemos vernos fácilmente, me parece lógico hacerlo en persona.

Para hablar con alguien que está lejos, el teléfono es perfecto. Pero, si no es así, creo que deberíamos recuperar el cara a cara (manteniendo la distancia de seguridad, no vaya a ser… 😉 ).

No, ahora en serio. El móvil es un inventazo, pero no podemos construir relaciones a través de él (o no exclusivamente). Si nos comunicásemos de verdad, ahorraríamos muchos malentendidos e intentaríamos que el tiempo juntos fuese de calidad. O eso es lo que pienso.

No deja de ser una adicción

La tercera y última razón es que, al fin y al cabo, no deja de ser una dependencia. No quiero vivir pegado al teléfono y tener que llevarlo siempre en el bolsillo.

Me he dado cuenta de que ha llegado un punto en el que no podía controlarlo. Sentía la necesidad de consultar mi móvil cada poco tiempo y no era bueno para mi salud.

Es una gran herramienta, pero tiene que estar a nuestra disposición y no al revés. Como el tío Ben decía: «un gran poder conlleva una gran responsabilidad«.

Tío, #spiderman es trending topi…

¿Cómo supero mi adicción?

Una vez expuestas las razones que me han llevado a limitar mi uso del teléfono, es hora de contarte cómo lo he hecho. Como siempre te digo, mi experiencia tiene que servirte de inspiración, pero debes probar por ti mismo y comprobar qué te funciona mejor.

Te advierto que he tomado medidas drásticas y renunciado a cosas que otros catalogan como necesarias. Está en tus manos decidir hasta dónde quieres llegar.

Borrón y cuenta nueva

La primera medida que tomé fue eliminar todas aquellas aplicaciones que no utilizaba. Te animo a que cojas tu teléfono y analices una por una todas tus aplicaciones. Aquella que no te sea útil a corto o largo plazo, mándala a la papelera.

Este paso es sencillo, porque nos estamos desprendiendo de aplicaciones que teníamos olvidadas en nuestro teléfono. Pero, ahora la cosa se complica: quiero que hagas una segunda revisión y elimines aplicaciones que usas, pero que sabes que solo te hacen perder el tiempo.

Esta segunda medida me costó mucho, pero era necesaria. Eliminé casi todos los juegos y… casi todas las redes sociales. De hecho, solo he dejado WhatsApp y Youtube. Aun así, he de decir que, al menos con Instagram, es algo temporal, ya que no solo la utilizo para cotillear las vidas ajenas.

Sin duda, es la decisión más efectiva para desengancharte del móvil, aunque también la más dolorosa. De hecho, puede que te dé pánico hacerlo, pero, no te preocupes, te aseguro que no se acaba el mundo por dejar las redes sociales un tiempo.

Momento de ordenar

Una vez eliminadas todas aquellas aplicaciones que no necesitamos, vamos a ordenar nuestro teléfono. Esto, nos permitirá no andarnos por las ramas y saber en cada momento dónde están nuestras aplicaciones.

Para facilitarte las cosas, te dejo con mi propia organización:

  • Página principal: pantalla de inicio, que aparece al desbloquear el móvil. En esta página tan solo tengo el reloj, para saber en qué hora vivo.
  • Segunda página: aquí he colocado las aplicaciones que más utilizo: WhatsApp, Youtube (aunque las redes sociales puedes colocarlas en la tercera página, para no verlas continuamente), Headspace, un lector de PDF y ePub, Google, etc. Te aconsejo que no sean más de 8 ó 9 aplicaciones y que valores realmente si son las más importantes para ti (y evita poner juegos en esta sección).
  • Tercera página: esta es la que más trabajo requiere. Aquí tengo, ordenadas por temáticas, todas las aplicaciones del teléfono. Te aconsejo que crees carpetas para apps similares, con el fin de tener todo bien organizado. Por ejemplo, puedes colocar en la carpeta «Google» la app de Gmail, Google Drive, Google Docs y Google Calendar.
  • Cuarta página: es la última página, donde guardo el widget de Google Calendar (que muestra la programación del día) y una lista de tareas por hacer (uso la app SplenDO).

Y, así es como organizo el teléfono. Comentar que, en la parte inferior de cada página, tengo por defecto las aplicaciones de Contactos, Llamada, Google Chrome y Cámara (ya venían con el teléfono).

Suelo ir cambiando de organización, pero esta me gusta y creo que puede servirte. Aun así, no hemos acabado: una vez organizado, queda asentar límites.

Límites y notificaciones

Ya hemos eliminado las aplicaciones que consumían nuestro tiempo y hemos ordenado el móvil. Lo único que queda es fijar los límites que estamos dispuestos a asumir.

Lo primero de todo, son las notificaciones. En este aspecto, he sido bastante radical: he silenciado todas las notificaciones, excepto las de Gmail. A día de hoy, no recibo niguna notificación de WhatsApp, por lo que, si quiero comprobar los mensajes, tengo que entrar en la aplicación.

Es algo que estoy probando y todavía no sé si es lo mejor para mí. Lo que te aconsejo es que silencies todos los contactos y grupos, salvo aquellos que consideres tan importantes que no puedas perderte ningún mensaje (cada teléfono es distinto, por lo que te animo a consultar cómo silenciar ciertos contactos en tu modelo de móvil).

No tengas miedo de no poder contestar al momento a las otras personas. Quizá te parezca egoísta, pero no puedes estar disponible las 24 horas del día. Más vale contestar prestando toda tu atención que estar a 8 conversaciones a la vez. Y, no te preocupes, si es algo realmente importante, la otra persona te llamará.

Esto de desconectar del WhatsApp está bien, pero… ¿Cuánto tiempo más tengo que estar así? Es que me pierdo la discusión del grupo. Seguro que traen stickers nuevos…

Mi recomendación es que solo mantengas activadas las notificaciones de aquellas apps imprescindibles. La notificación debe servir de recordatorio, no de distracción.

Una vez más: «La notificación debe servir de recordatorio, no de distracción


Hablemos ahora de los límites. Los móviles actuales suelen incorporan una función de «control de uso del teléfono». En mi caso, utilizo un Xiaomi, con la función «Bienestar Digital» incorporada.

Esta me permite fijar horarios y límites de tiempo a mis aplicaciones (los llamados «temporizadores»). Tengo activado que, desde que me levanto hasta las 14:30, se bloquee el uso de Youtube y Netflix (aunque esta última apenas la uso). Esto me permite no entrar en un bucle infinito de vídeos nada más levantarme, reduciendo drásticamente mi uso del teléfono.

Un consejo sobre Youtube
Puedes controlar las recomendaciones que te ofrece Youtube, para no perderte en vídeos de cachorros y sacarle todo el provecho a esta red social.

En cuanto a los temporizadores, suelo establecer un máximo de entre 30 y 45 minutos al día en Youtube, WhatsApp o Google, entre otras. Cuando me paso del tiempo fijado, la app se bloquea y, si quiero utilizarla, me veo obligado a desactivar el temporizador. Parece una tontería, pero me sirve para darme cuenta del tiempo que llevo usando el teléfono y que quizá es buena idea dejarlo por hoy.

Últimos consejos

Si has seguido los pasos anteriores, tendrás un móvil a prueba de distracciones. Aun así, más te vale prepararte.

Los primeros días estarás a merced de la dependencia, por muy optimizado que esté tu teléfono. Ahora que no tengo Instagram, me descubro haciendo lo imposible por mantenerme entretenido con el móvil entre las manos. He llegado al punto de entrar en Google para buscar cosas al azar, encadenando noticias, cosa que antes no hacía nunca.

Si es tu caso, no te tortures. Cambiar viejos comportamientos lleva su tiempo, por lo que es normal que sientas la necesidad de utilizar el teléfono constantemente (bueno, realmente no es normal, de ahí que lo estemos intentando remediar; ya me entiendes).

Hace unas dos semanas que decidí cambiar mi rutina por la que te he presentado y, aunque todavía es pronto, noto mejoría. He pasado de más de 4 horas diarias a unas 2 o 2 y media (también ha influido el poder salir de casa, eso hay que tenerlo en cuenta). Aun así, se trata de una carrera de fondo y este no es más que el primer kilómetro.

Conclusiones

El teléfono móvil es uno de los mayores inventos de las últimas décadas. Y, por muy estricto que me ponga en relación a su uso, soy consciente de ello.

Muchos de los cambios que he introducido en el manejo del teléfono pueden tacharse de radicales, y es posible que lo sean. Con este post, mi intención no era influenciarte, tan solo mostrarte lo que voy probando.

Seguramente, a lo largo de las próximas semanas y meses, mis hábitos cambien. Si esto ocurre y veo que la información de la entrada se queda obsoleta, iré actualizándola. Al fin y al cabo, solo son pruebas.

Si crees que pasas demasiado tiempo pegado al móvil, puedes probar los consejos que te he ofrecido. Y, como siempre, estaré encantado de leerte en los comentarios, ya sea contándome tu experiencia o aportando algún consejo distinto. 😉

Si te ha resultado útil, puedes echar un vistazo a este post, del que ya te he hablado al principio:

Espero que te haya gustado y nos leemos pronto.

Un abrazo,

-Javier

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Mi adicción al azúcar

cucharas con azúcar

El azúcar es un enemigo silencioso. Nos rodea y está presente en la totalidad de nuestro día a día. Pero, ¿es tan inofensivo cómo parece? ¿Es el azúcar otra droga?

Hoy te hablaré de mi experiencia con el azúcar, por qué creo que es adictivo y, si sientes dependencia, cómo puedes desengancharte.

El azúcar es adictivo

Que el azúcar no es bueno para la salud, lo sabemos todos. Sin embargo, pocas veces pensamos en qué efectos nos produce. Cosa comprensible, dado que se esfuerzan cada día para evitarlo.

Si las marcas lanzan anuncios con niños desayunando sus productos, ¿cómo no vamos a pensar que son inofensivos? Esos cereales y magdalenas tienen que formar parte de la alimentación de los pequeños, como no se cansan de repetir.

La realidad no es esa, más bien lo contrario. El azúcar, presente en miles de alimentos, es una sustancia adictiva, y las grandes compañías lo saben. ¿Por qué iban a dejar de vender un producto que resulta adictivo para la población? ¡Tienen demanda asegurada!

Porque, que es adictivo, no lo digo solo yo, sino múltiples estudios. Investigando un poco, he encontrado uno de ellos, aunque en formato libro: Sin Azúcar. Le he echado una ojeada y he podido sacar datos interesantes sobre el azúcar y la adicción.

libro sin azúcar
Este es el libro del que hablo.

Adicción y azúcar: evidencias

Como decía, estas son algunas de las conclusiones extraídas del libro:

  • Estudios demuestran que, la reacción que produce el azúcar en el cerebro, es similar a la que desencadenan opiáceos como la heroína o morfina. Vaya, que nos da un «subidón«.
  • El azúcar podría dar lugar a la liberación de encefalina, sustancia química que genera una sensación de placer y necesidad similar a la de algunos estupefacientes.
  • Segregación de opioides y dopamina tras el consumo de azúcar, neurotransmisores relacionados con la sensación de placer y bienestar (similar a otras drogas).
  • Se estudia un potencial adictivo del azúcar hasta 8 veces mayor que el que produce la cocaína, con un síndrome de abstinencia más intenso.
  • Estudios demuestran que, la privación repentina de azúcar en animales y humanos, provoca una serie de síntomas similares a los de una persona que está dejando algún narcótico.

Como ves, los datos asustan. Estamos hablando de que, una droga incluso más potente que la cocaína (al menos, en la respuesta adictiva), está presenta allá donde vayamos.

Según estudios, el azúcar podría presentar un factor adictivo hasta 8 veces mayor que el de la cocaína (casi nada).

Sin duda, es la droga camuflada de nuestro tiempo.

La droga del siglo XXI

Levántate y abre el armario. Seguramente, esté abarrotado de galletas, chocolate, cereales, bollos y dulces. Y, aunque no fuese así, seguro que tienes yogures, refrescos o zumos en la nevera.

Ve al supermercado e intenta escapar de los productos azucarados. Tranquilo, es imposible: están en todas partes y son los más atractivos y baratos. Mires donde mires, desde la publicidad de Coca-Cola a los nuevos helados del Burger King, el azúcar está en todas partes.

Básicamente, es como si un fumador viviese rodeado de paquetes de cigarrillos. O un alcohólico, de bananas daiquiri. Nunca se desengancharían, porque, en su realidad, su adicción es algo aceptado como normal. Lo mismo sucede con el azúcar.

terrones azúcar
Mira que pequeñitos e inofensivos parecen… lastima que nos maten poco a poco. 🙁

Un recuerdo evolutivo

Esta adicción tiene sentido, ya que, evolutivamente, estamos diseñado para ello. Los primeros humanos sobrevivían con el alimento que encontraban, que, en la mayoría de casos, era poco.

En ese mundo, el azúcar era un bien muy escaso. Quizá, la forma más sencilla de conseguirlo era a través de la miel, aunque, para eso, tenías que hacer frente a decenas de abejas defendiendo su panal.

El cerebro no es tonto y busca la supervivencia por encima de todo. El azúcar es capaz de aportar grandes cantidades de calorías que, más tarde, se convertirán en reservas. Por esta razón, es consciente de la importancia del azúcar y, si este solo está presente en la miel, animará al humano que supervisa a acabarse hasta la última gota.

Este comportamiento tenía sentido hace 200.000 años, pero ahora se ha vuelto desadaptativo. El azúcar ha pasado de ser un bien escaso a uno (demasiado) abundante. Es muy difícil que nos muramos de hambre hoy en día, pero el cerebro no lo interpreta así.

Si hay azúcar disponible, hay que dar con todo. Esa era la regla desde un principio y nada ha cambiado desde entonces.

«El postre»
Si alguna vez te has preguntado «por qué siempre hay espacio para el postre«, tengo la respuesta: es por culpa de este comportamiento desfasado.

Aunque estés apunto de explotar, tu cerebro va a decir: «¡Azúcar! ¿Cómo vas a dejarlo en el plato? ¡Qué quizá nos muramos si no te lo comes! (si estuvieses en la sabana, claro)

Como ves, caer en la tentación de pedir postre es normal, está en nuestros genes. Bueno, en algunos más presentes que en otros…

Mi relación con el azúcar

Seguramente, hayas entrado aquí en busca de mi experiencia. Al fin y al cabo, todos sabemos que el azúcar no es lo mejor para la salud, pero, hasta que no nos lo demuestran con hechos, nos cuesta ser conscientes de ello.

Durante esta cuarentena, he recaído en mi adicción. Creo que empecé a notar mi dependencia al azúcar hará un año. Por casualidades, estuve dos o tres días sin comer mucho dulce, momento en el que empecé a sentir cierto «mono».

Aclaremos que mi consumo de azúcar no era muy exagerado. Mi ingesta se centraba en el postre y los típicos «caprichos». En un primer momento, me parecía impensable que ese vacío que sentía en el estómago estuviese causado por la falta de azúcar.

Durante esos dos o tres días sin azúcar, me sentía cansado y sin energía. Comiese lo que comiese, no me saciaba y mi estómago (o más bien, mi cerebro), me pedía a gritos algo dulce y delicioso. No se cómo llamarás a eso, pero yo lo suelo llamar «dependencia».

Era increíble cómo, con un simple trozo de chocolate, mis ansias se calmaban. Tras este descubrimiento, fui más consciente del factor adictivo del azúcar. Desde entonces, he intentado moderar su consumo, pero es algo de lo que cuesta mucho «desengancharse».

No es que quiera empezar una guerra contra el azúcar, pero soy consciente de sus efectos a largo plazo. Une su poder adictivo con los riesgos de obesidad, enfermedades cardiovasculares o el incremento de acidez y toxicidad en el cuerpo que provocan y obtendrás una mezcla explosiva.

Como decía, al estar encerrado en casa ha sido más difícil resistir la tentación. De hecho, me decidí a escribir esto porque volvía a notar esos síntomas que experimenté hace un año. Además, si a mí me pasa, ¿por qué a otros no?

¿Soy adicto al azúcar?

Puede que te estés preguntando si tú también eres un yonqui del azúcar. Pues bien, es fácil comprobarlo.

Deja de comer azúcar procesado (bollería, chocolate y el resto de alimentos dulces, a excepción de la fruta) durante unos días. Si no notas nada distinto, quiere decir que te llevas bien con nuestro amigo dulce.

Pero, si notas hambre descontrolada, antojos, malestar o cansancio, estás en el lado oscuro. No te preocupes, nos pasa a casi todos.

(Necesito ese paquete de Oreos. Ya me conformo hasta con una ensaimada.)

¿Cómo superar la adicción al azúcar?

«Vale, pero no me puedes decirme que tengo una adicción y no darme pistas de cómo superarla». Te entiendo, te entiendo.

Lo primero de todo es que, lamentablemente, veo difícil que la adicción al azúcar se pueda «superar«. Mira a tu alrededor: hay azúcar por todas partes y nada hace pensar que vaya a acabarse de la noche a la mañana.

Los productos azucarados siempre van a estar ahí, porque son muy baratos y rentables. Y, dados los poderosos efectos que provocan en el cerebro, una pequeña dosis es suficiente para querer más.

Nunca vas a eliminar la atracción por lo dulce, pero sí que puedes manejarla. Una buena idea sería deshacerse de todos los productos industriales que tienes en la despensa. Si no los ves, es más fácil vivir sin ellos.

¿He superado la adicción al dulce? No, pero tampoco tengo interés en hacerlo. En un mundo en el que se incita a consumir azúcar constantemente, se requiere mucho esfuerzo para no caer en la tentación.

Soy consciente de que no es bueno para mi salud y que he sentido dependencia. Por eso mismo, intento no abusar y llevar una alimentación sana. Pero, si realmente quiero algo dulce, lo como sin problema.

Aún así, si quieres eliminar el azúcar de tu vida, háztelo fácil. Suprímelo de tu dieta y frecuenta restaurantes en los que no abunde el azúcar.

Diseña un «entorno sin azúcar» y te será más fácil dejarlo.


Esta ha sido mi experiencia con el azúcar, aunque cada persona tiene la suya. Hace unos meses hablé de ello en Instagram, así que, para saber un poco más, puedes consultar el post pinchando aquí.

Si te ha resultado interesante, te sugiero que eches un vistazo a este post, donde te hablo de mi experiencia con el ayuno intermitente:

Me encantaría que me contases tus experiencias con el azúcar, qué te ha parecido el post o si tienes alguna duda al respecto. Puedes hacerlo en los comentarios o mandándome un correo.

Y, recuerda que la clave es mejorar tu salud, pero sin obsesionarte. 😉

Un saludo y hasta la próxima,

– Javier

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Mi experiencia con el ayuno intermitente

tenedor

El ayuno intermitente está muy de moda. Ya sea como método para adelgazar o práctica saludable, el ayuno ha despertado la curiosidad de muchos.

Llevo practicando el ayuno intermitente desde hace 6 meses. En este post, te contaré por qué y cómo lo hago, así como mis conclusiones.

Al acabar este artículo, tendrás todas las herramientas necesarias para dominar el arte de ayunar. Así que, si te interesa, sigue leyendo.

¿Qué es el ayuno intermitente?

Antes de nada, toca explicar qué es el ayuno intermitente. Básicamente:

El ayuno intermitente es un modelo de alimentación, basado en ciclos diferenciados de ayuno e ingesta de alimentos.

Vamos, que durante ciertas horas dejas de comer. Durante estos periodos de ayuno no está permitida la ingesta de ningún tipo de alimento, a excepción de té, café (con un pequeño chorro de leche), infusiones y, por supuesto, agua.

pan y agua
Ya no se puede «ni a pan y agua»…

Esta práctica ha ganado peso durante los últimos años, desarrollándose variedad de estilos y tipos de ayuno. A continuación, hablaremos de los más importantes.

Tipos de ayuno intermitente

(He listado los más populares, aunque existen más tipos. También he obviado el de 12/12, pues, a la larga, sus efectos no son tan remarcables. De todas formas, consistiría en ayunar 12 horas y comer durante las 12 restantes.)

Ayuno 16/8

El tipo de ayuno intermitente más popular. Se basa en un período de ayuno de 16 horas, permitiendo la ingesta de alimentos durante las 8 restantes.

Es el que hago yo y, básicamente, consiste en saltarse el desayuno. No es complicado de seguir, pues, si acabas la cena a las 22:00 y no comes hasta las 14:00 del día siguiente, habrías cumplido las 16 horas.

Ayuno 20/4

Este tipo de ayuno es más avanzado. Se trata de ayunar 20 horas y comer durante las 4 restantes. La ingesta de alimentos suele centrarse en la cena.

Ayuno 24h

Como su nombre indica, se basa en pasar un día entero sin comer. Suele combinarse con el Eat-Stop-Eat (extraído del libro con el mismo nombre).

Esta variante comprende dos ayunos de 24 horas a la semana. Si eres principiante, no es recomendable que empieces con este tipo de ayuno.

Otros tipos de ayuno

  • Ayuno en días alternos: consistente en ayunar un día sí y otro no. Puede ser flexible y combinar distintos tipos de ayuno.
  • One Meal a Day (OMAD): se centra en comer una sola vez al día, sin importar el horario. No recomendable si estás empezando.

Estas son las modalidades de ayuno intermitente más populares. Sin embargo, no son las únicas, así que, si quieres profundizar más, puedes hacerlo a través de este post.

El mejor tipo de ayuno para principiantes

Como has podido comprobar, existen diversas modalidades de ayuno, pudiéndolo adaptar a tu rutina y necesidades. De hecho, esta versatilidad es una de las causas por las que el ayuno ha ganado tantos seguidores.

Sin embargo, y si estás empezando, te recomiendo probar el tipo 16/8, dada su facilidad para implementarlo en el día a día. Además, no queremos que te desmayes de hambre (tranquilidad, no va a ocurrir), por lo que es mejor empezar poco a poco.

Si eres principiante, empieza por el ayuno 16/8.


Beneficios del ayuno intermitente

Si es la primera vez que oyes hablar del ayuno intermitente, seguramente te preguntes, ¿de qué me sirve a mí pasar hambre? Eso mismo pensaba yo (más aún si tenemos en cuenta que soy fan de las buenas comidas), hasta que descubrí sus beneficios.

El primero y más evidente, es el tiempo. Al saltarte comidas, tampoco tienes que cocinarlas, pudiendo invertir ese tiempo sobrante en cualquier otra cosa.

Otra beneficio evidente es la restricción calórica (es decir, la reducción en la ingesta de calorías). El ayuno es muy socorrido en los procesos de adelgazamiento, básicamente porque se reduce la cantidad de calorías que ingerimos en el día.

Sin embargo, los beneficios que más me interesan son aquellos relacionados con la salud. Para empezar, nos permite recuperar la verdadera sensación de hambre, libres de los traicioneros picoteos.

Pero, eso no es todo. Agárrate a la silla, sillón, mesa, barrandilla o lo que tengas cerca, porque estos son los beneficios que el ayuno puede brindar a nuestra salud:

  • Reducción en las tasas de diabetes, enfermedad cardíaca y presión sanguínea elevada.
  • Posible aumento de energía (al liberarse de la carga de la digestión).
  • Mejora en la sensibilidad a la insulina.
  • Posible retraso del envejecimiento celular, debido a la autofagia (proceso por el cual la célula es capaz de eliminar sus propios desechos, alargando su vida total).

No sé si eres consciente de lo que esto último significa. Experimentos realizados en ratones demostraron que, aquellos que fueron sometidos a periodos de ayuno, desarrollaban enfermedades con menor frecuencia, lo que se traducía en una vida más larga.

raton
Vamos, que los ratones entraban en modo Matusalén…

Básicamente, y gracias al proceso de autofagia, el ayuno puede prevenirnos de enfermedades como cáncer o diabetes. Todavía no se han realizado estudios concluyentes en humanos, pero todo apunta a que el ayuno es clave para preservar la salud.

Puedes consultar en profundidad sus beneficios en estas dos páginas:


Estos son sus beneficios generales, pero no dejan de ser vagos. Sé que quieres hechos y testimonios, por lo que, a continuación, te contaré mi experiencia con el ayuno.

¿Cómo y por qué ayuno?

Hace 6 meses, tras informarme sobre el ayuno intermitente, decidí ponerlo en práctica. Por aquel entonces (y antes de vernos confinados en casa), yo solía ir a la Universidad, de 8:30 a 14:00 ó 14:30.

Debido a mi horario, opté por la modalidad 16/8 (que, como te he explicado antes, es la más recomendable). Mi plan se basaba en saltarme el desayuno, ayunando hasta la hora de comer (es decir, hasta que acababa las clases). De esta forma, gran parte de esas 16 horas las pasaba durmiendo (algo que te recomiendo).

Hay que decir que, desde hace bastantes años, no desayuno mucho, ya que la comida a primera hora de la mañana no me suele sentar del todo bien. De hecho, los motivos por los que decidí empezar el ayuno fueron dos:

  • El desayuno me sentaba mal.
  • Al sentarme mal, la digestión era pesada y me quitaba mucha energía, por lo que me moría de sueño durante toda la mañana.

Estos fueron los motivos que me empujaron a ayunar, aunque más tarde, al descubrir sus múltiples beneficios, ganaron aún más peso.


Los primeros días fueron complicados. A media mañana, la tripa me rugía, cosa poco agradable si estás en clase, como seguro te imaginarás. 🙂

A cambio, me notaba mucho más despierto y activo, pudiendo prestar más atención y acabando con mi estado de «zombie mañanero». Para calmar el hambre y alargar al máximo el ayuno, solía comer algo de fruta o un puñado de frutos secos, a eso de las 13:00.

Con el paso del tiempo, la sensación de «hambre extrema» se fue calmando y, a día de hoy, estoy perfectamente acostumbrado. Hasta que te ocurra lo mismo, te sugiero que rompas el ayuno un poco antes, comiendo algo ligero.

Decirte que, como principiante, un error que cometí fue pasar de no comer nada a darme un festín. Si rompes el ayuno con 3 jabalíes y 4 kilos de pasta, ten claro que a tu estómago no le va a gustar. Para solucionarlo, una buena opción es tomar algo de fruta o unos frutos secos antes de la comida.

El ayuno y el ser humano

Como te decía, con el tiempo me fui acostumbrando. Hoy por hoy, suelo saltarme desayuno, almuerzo y merienda, más que nada, porque no tengo hambre. Esa gula que sentía en un principio ya no existe:

Como cuando realmente lo necesito.

Muchos se echarán las manos a la cabeza, ya que las cinco comidas al día son «sagradas». Pero, si lo piensas, ayunar tiene más sentido como especie. No nos diferenciamos mucho de nuestros ancestros y, ¿crees que ellos comían 5 veces cada día?

Efectivamente, no lo hacían. Antes de ser la especie dominante, no éramos más que unos primates evolucionados. A menudo, nos veíamos obligados a hacer de carroñeros y nos alimentábamos de aquello que fuésemos capaces de recolectar.

En consecuencia, ayunar era nuestra forma de vida. Cuando había comida, se comía; sino, tocaba pasar hambre. Por tanto, estamos bien adaptados al ayuno (mucho más que a comer continuamente y sobrecargar el estómago).

Entonces, ¿por qué ayuno?

Como explicaba antes, ayuno porque me sienta bien y me permite tener más energía por las mañanas. Me gusta hacerlo.

Es cierto, sus posibles beneficios suponen un plus, pero, si no notase que me ayuda, no estaría dispuesto a pasar hambre, por muy maravilloso que fuera a la larga.

Sin embargo, quiero dejar claro que el ayuno intermitente no es para todo el mundo. Además, requiere fuerza de voluntad y sacrificio. Y, esto último, no se mantendrá si solo te centras en sus beneficios a largo plazo.

Ayuno porque me gusta y me siento bien haciéndolo. Si no te ocurre lo mismo, quizá no sea para ti.


Precauciones sobre el ayuno intermitente

Ayunar no es para todos. Para empezar, el contenido de este post plantea información para adultos sanos. Además, los efectos del ayuno intermitente en humanos aun están en fase de estudio.

Empecé a ayunar con 18 años, pero, hay que puntualizar que no se han estudiado sus efectos en adolescentes, aunque, en la práctica, no parece haber problemas. Eso sí, siempre que se haga con cabeza.

Sin embargo, existen grupos de riesgo, a los que se les desaconseja esta práctica.

  • Mujeres embarazadas o en período de lactancia.
  • Niños menores de 18 años.
  • Personas con un peso muy bajo (Índice de masa corporal inferior 20-25).
  • Personas con trastornos alimenticios.
  • Pacientes con enfermedades cardiovasculares.
  • Personas con diabetes (consultar con un especialista).
  • Otros.

No soy médico ni nutricionista, por lo que, si tienes cualquier problema de salud, habla con un especialista sobre la implementación del ayuno en tu vida (no me hago responsable de que se te vaya la pinza 😉 ).


Tu turno

Si has llegado hasta aquí, ya tienes lo necesario para empezar con el ayuno intermitente. A continuación, te planteo los siguientes pasos:

  • Primero, asegúrate de que cumples el perfil y puedes ayunar sin peligro para tu salud. Si no lo tienes claro, consúltalo con un especialista.
  • Decide qué tipo de ayuno te viene mejor (te recomiendo el 16/8).
  • Prueba los primeros días, para comprobar cómo te sientes. Si no puedes completar las 16 horas de ayuno (o las que hayas fijado), rompe el ayuno y come algo ligero (por ejemplo, fruta).
  • No falles durante las primeras semanas, siempre adaptándote a lo que te pide el cuerpo.
  • Recuerda que, durante el ayuno, puedes (y debes) tomar agua, té, infusiones o café con muy poca leche.
hombre comiendo calabaza
Te aseguro que, al principio, te parecerá apetitoso hasta un trozo de brócoli.

Si decides probarlo, ten claro que es en favor de tu salud. No consiste en obsesionarse y centrar tu vida en el ayuno. Si te apetece comer, hazlo. Recuerda que no es una obligación, sino una forma de cuidarte.

Te he intentado explicar lo que sé sobre el ayuno, pero aún te queda mucho por aprender. Te recomiendo echar un ojo a libros como Eat, Stop, Eat y canales como el de Mario Luna, tanto el principal, como Salud Extrema.

Y, si tienes alguna duda, puedes dejármela en los comentarios o mandarme un mail, e intentaré responderla. 😉


Por último, te dejo un post que, siendo distinto, puede complementar el ayuno:

Un saludo y hasta la próxima,

-Javier

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¿Por qué me ducho con agua fría? (lo que no te cuentan)

Ducharse con agua fría está de moda dentro del emprendimiento español. Es un hecho, si no, ¿a santo de qué me pondría a hablar de ello? Porque sí, lo confieso, yo también caí en esta práctica un tanto masoquista.

Pero estoy cansado de escuchar los increíbles beneficios que posee, así que hoy voy a contaros mi experiencia tras tres meses duchándome a lo esquimal, sin falsos milagros. Acompáñame, vamos a revelar los secretos que guarda el frío.

¿Agua fría? ¿Nos hemos vuelto locos?

Ducha fría
Fuente: Flickr

Siendo sinceros, un poco. Te pondré un ejemplo: imagínate volviendo de clase o del trabajo, tras una mañana demasiado larga. Pleno invierno, cinco grados y, por razones de la vida, tienes que volver andando. A mitad de camino, los dedos de los pies se han convertido en cubitos de hielo y los de las manos no se quedan atrás. Por fin, tiritando, llegas a casa, con unas ganas terribles de entrar en calor.

Pero hay un problema: tienes que ducharte y, tal como hace el nuevo joven millonario de turno, tiene que ser una ducha fría. Porque, claro está, si él lo hace, por algo será. Al fin y al cabo, tiene cuatro Ferraris. Así que, acordándote de todo tu árbol genealógico, te metes a la ducha y accionas el agua fría. ¿No notas cómo huele a éxito?

Vale, quizá haya exagerado, pero era necesario para transmitir la idea. Hoy en día, la gente hace las cosas más extrañas por el simple hecho de que tal o cual gurú las recomienda. Y soy uno de ellos, así que sé de lo que hablo (no sé si estar orgulloso de esto último).

Las duchas de agua fría son una moda como cualquier otra, pero, aunque la mayoría de la gente que las sigue no lo sepa, dicha moda tiene raíces muy profundas. Creo que pueden ser muy útiles (si las enfocamos bien), así que, para empecer, te nombraré de carrerilla los (supuestos) beneficios que poseen. Tras esto, te contaré porque me parecen importantes, sin adornos ni palabras bonitas.

Beneficios (generales) de las duchas frías

  • Mejora el sistema inmunológico
  • Estado emocional más sano
  • Favorece la circulación
  • Aumento de la energía
  • Aumento del metabolismo

Estos son algunos de los supuestos beneficios que otorgan las duchas frías y que tanto han dado que hablar entre la comunidad emprendedora. Comparto algunos y dudo de otros, por lo que prefiero contaros mi experiencia personal. Luego, vosotros decidís si os compensa pasar un poco de frío cada día.


Mi experiencia

Vale, pasemos a lo interesante, a la chicha del post. ¿Por qué narices me ducho con agua fría? Y, más importante aún, ¿por qué tú deberías hacerlo? Aquí la respuesta.

Hace 3 meses comencé a ducharme con agua fría cada día. Había visto que mucha gente lo hacía, pero lo que me motivó a dar el paso fue la filosofía de Wim Hof. Para los que no lo sepáis, Wim Hof, conocido como «The Iceman», es un holandés que cuenta con varios récords mundiales de resistencia al frío. Este post no va de Wim Hof y su filosofía, aunque tengo en mente dedicarle uno, más adelante. Sin embargo, te animo a que indagues sobre él o te leas su libro, disponible en Amazon.

A lo que íbamos. Empecé las duchas frías por curiosidad, por saber si todo lo que decían era cierto. Recuerdo cuando, tras volver del gimnasio, me planté bajo el chorro de agua helada. En ese momento, me convencí de que se me había ido la olla, pero, al salir de la ducha, me sentí como en una nube. Estaba más despierto y con más energía, por lo que decidí ducharme cada mañana al despertarme. Los primeros días fueron duros, pero sentía que merecía la pena. Poco a poco, descubrí el valor que tenía para mí.

Porque sí, pienso que a cada persona le afecta de forma distinta. Yo me sentía más enérgico y despierto, pero no seguí con ello por eso. Seguí (y sigo) duchándome con agua fría porque me estabiliza. Te lo explico.

Notaba beneficios cada día, pero estos se acentuaban cuando estaba triste o preocupado. Digamos que el agua fría me servía de toque de atención. Podía entrar a la ducha con el ánimo por los suelos, pero, una vez que el agua me empapaba, todos los problemas que rondaban mi mente desaparecían.

El truco está en que nuestro cerebro más primitivo no puede distinguir por qué estamos pasando frío. Quizá estemos en medio del Ártico o ahogándonos en un lago helado (porque, que piense que lo hacemos por voluntad propia no entra en sus esquemas). Al cerebro no le importa, solo piensa en sobrevivir, así que no hay tiempo para detenerse en quejas y tonterías.

Y, tras este trauma tan intenso para nuestro sistema nervioso, sales de la ducha con otra perspectiva. Aquello que me preocupaba seguirá allí, pero tendrá menos importancia. Me causa estrés y, por esa misma razón, me estabiliza.

Y por eso me ducho con agua fría. No es por la circulación, el cuidado de la piel o para mejorar el sistema inmune (aunque diré que en estos 3 meses no me he puesto malo ni una vez), sino por las sensaciones que me transmite. Me entrena en la disciplina y me estabiliza mentalmente, cosa complicada estos días.

Y, por si tienes interés, todavía no me he acostumbrado, ni creo que lo haga nunca. (¡¿Quién no prefiere una ducha calentita?!) Pero, es cierto que noto más resistencia al frío. Sigue causándome impresión, pero quizá en menor medida que al principio. He leído que otras personas se vuelven menos frioleras, pero yo todavía no he llegado a ese punto.


¿Cómo empiezo?

método Wim Hof
Fuente: Pexels

Te ha llamado la atención y estás dispuesto a probarlo, así que, ¿por dónde empezar? Lo más sencillo es que te dirijas a tu cuarto de baño, te metas a la ducha y abras el agua fría (es recomendable meterse sin ropa). Listo.

Sí, era una broma, pero, realmente,no tiene más misterio. Te recomiendo que, si ducharte con agua fría es demasiado, empieces por agua caliente y, antes de salir, cambies a fría (no hace falta que permanezcas bajo el chorro más de 15 segundos). Poco a poco, ve aumentando el tiempo, hasta que estés cómodo duchándote así desde el principio (todo lo cómodo que se puede estar en esta situación). 

Y, por favor, sé responsable. No creo que haga falta decir que meterse en el mar a -5 grados no es tan buena idea como la pintan. Estás exponiendo a tu cuerpo al frío y, si no eres consciente de lo que haces, puedes llegar a sufrir hipotermia. Te aconsejo que lo practiques en tu casa y que tengas un secador a mano, pues tan importante es la exposición al frío durante la ducha como la recuperación del calor tras salir de ella. 

Finalmente, sí, puedes seguir duchándote con agua caliente si te apetece. Recuerda que no es una obligación, sino una práctica de la que esperas obtener beneficios. 


Hemos llegado al final. Espero que te haya sido útil y que te decidas a ponerlo en práctica. Recuerda que dispones de más información en Internet y que hay personas, como Wim Hof, que hasta han escrito libros sobre el tema. Puedes adquirirlo aquí.

Yo no tengo la verdad absoluta, así que es recomendable contrastar opiniones.

Por último, me haría mucha ilusión que me dejases en los comentarios tus experiencias, pues yo no soy más que un novato en esto. Y, si a raíz de este post te decides a probarlo, házmelo saber también en los comentarios.

Un saludo y, ¡a pasar frío! 

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