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¿Por qué me ducho con agua fría? (lo que no te cuentan)

Ducharse con agua fría está de moda dentro del emprendimiento español. Es un hecho, si no, ¿a santo de qué me pondría a hablar de ello? Porque sí, lo confieso, yo también caí en esta práctica un tanto masoquista.

Pero estoy cansado de escuchar los increíbles beneficios que posee, así que hoy voy a contaros mi experiencia tras tres meses duchándome a lo esquimal, sin falsos milagros. Acompáñame, vamos a revelar los secretos que guarda el frío.

¿Agua fría? ¿Nos hemos vuelto locos?

Ducha fría
Fuente: Flickr

Siendo sinceros, un poco. Te pondré un ejemplo: imagínate volviendo de clase o del trabajo, tras una mañana demasiado larga. Pleno invierno, cinco grados y, por razones de la vida, tienes que volver andando. A mitad de camino, los dedos de los pies se han convertido en cubitos de hielo y los de las manos no se quedan atrás. Por fin, tiritando, llegas a casa, con unas ganas terribles de entrar en calor.

Pero hay un problema: tienes que ducharte y, tal como hace el nuevo joven millonario de turno, tiene que ser una ducha fría. Porque, claro está, si él lo hace, por algo será. Al fin y al cabo, tiene cuatro Ferraris. Así que, acordándote de todo tu árbol genealógico, te metes a la ducha y accionas el agua fría. ¿No notas cómo huele a éxito?

Vale, quizá haya exagerado, pero era necesario para transmitir la idea. Hoy en día, la gente hace las cosas más extrañas por el simple hecho de que tal o cual gurú las recomienda. Y soy uno de ellos, así que sé de lo que hablo (no sé si estar orgulloso de esto último).

Las duchas de agua fría son una moda como cualquier otra, pero, aunque la mayoría de la gente que las sigue no lo sepa, dicha moda tiene raíces muy profundas. Creo que pueden ser muy útiles (si las enfocamos bien), así que, para empecer, te nombraré de carrerilla los (supuestos) beneficios que poseen. Tras esto, te contaré porque me parecen importantes, sin adornos ni palabras bonitas.

Beneficios (generales) de las duchas frías

  • Mejora el sistema inmunológico
  • Estado emocional más sano
  • Favorece la circulación
  • Aumento de la energía
  • Aumento del metabolismo

Estos son algunos de los supuestos beneficios que otorgan las duchas frías y que tanto han dado que hablar entre la comunidad emprendedora. Comparto algunos y dudo de otros, por lo que prefiero contaros mi experiencia personal. Luego, vosotros decidís si os compensa pasar un poco de frío cada día.


Mi experiencia

Vale, pasemos a lo interesante, a la chicha del post. ¿Por qué narices me ducho con agua fría? Y, más importante aún, ¿por qué tú deberías hacerlo? Aquí la respuesta.

Hace 3 meses comencé a ducharme con agua fría cada día. Había visto que mucha gente lo hacía, pero lo que me motivó a dar el paso fue la filosofía de Wim Hof. Para los que no lo sepáis, Wim Hof, conocido como «The Iceman», es un holandés que cuenta con varios récords mundiales de resistencia al frío. Este post no va de Wim Hof y su filosofía, aunque tengo en mente dedicarle uno, más adelante. Sin embargo, te animo a que indagues sobre él o te leas su libro, disponible en Amazon.

A lo que íbamos. Empecé las duchas frías por curiosidad, por saber si todo lo que decían era cierto. Recuerdo cuando, tras volver del gimnasio, me planté bajo el chorro de agua helada. En ese momento, me convencí de que se me había ido la olla, pero, al salir de la ducha, me sentí como en una nube. Estaba más despierto y con más energía, por lo que decidí ducharme cada mañana al despertarme. Los primeros días fueron duros, pero sentía que merecía la pena. Poco a poco, descubrí el valor que tenía para mí.

Porque sí, pienso que a cada persona le afecta de forma distinta. Yo me sentía más enérgico y despierto, pero no seguí con ello por eso. Seguí (y sigo) duchándome con agua fría porque me estabiliza. Te lo explico.

Notaba beneficios cada día, pero estos se acentuaban cuando estaba triste o preocupado. Digamos que el agua fría me servía de toque de atención. Podía entrar a la ducha con el ánimo por los suelos, pero, una vez que el agua me empapaba, todos los problemas que rondaban mi mente desaparecían.

El truco está en que nuestro cerebro más primitivo no puede distinguir por qué estamos pasando frío. Quizá estemos en medio del Ártico o ahogándonos en un lago helado (porque, que piense que lo hacemos por voluntad propia no entra en sus esquemas). Al cerebro no le importa, solo piensa en sobrevivir, así que no hay tiempo para detenerse en quejas y tonterías.

Y, tras este trauma tan intenso para nuestro sistema nervioso, sales de la ducha con otra perspectiva. Aquello que me preocupaba seguirá allí, pero tendrá menos importancia. Me causa estrés y, por esa misma razón, me estabiliza.

Y por eso me ducho con agua fría. No es por la circulación, el cuidado de la piel o para mejorar el sistema inmune (aunque diré que en estos 3 meses no me he puesto malo ni una vez), sino por las sensaciones que me transmite. Me entrena en la disciplina y me estabiliza mentalmente, cosa complicada estos días.

Y, por si tienes interés, todavía no me he acostumbrado, ni creo que lo haga nunca. (¡¿Quién no prefiere una ducha calentita?!) Pero, es cierto que noto más resistencia al frío. Sigue causándome impresión, pero quizá en menor medida que al principio. He leído que otras personas se vuelven menos frioleras, pero yo todavía no he llegado a ese punto.


¿Cómo empiezo?

método Wim Hof
Fuente: Pexels

Te ha llamado la atención y estás dispuesto a probarlo, así que, ¿por dónde empezar? Lo más sencillo es que te dirijas a tu cuarto de baño, te metas a la ducha y abras el agua fría (es recomendable meterse sin ropa). Listo.

Sí, era una broma, pero, realmente,no tiene más misterio. Te recomiendo que, si ducharte con agua fría es demasiado, empieces por agua caliente y, antes de salir, cambies a fría (no hace falta que permanezcas bajo el chorro más de 15 segundos). Poco a poco, ve aumentando el tiempo, hasta que estés cómodo duchándote así desde el principio (todo lo cómodo que se puede estar en esta situación). 

Y, por favor, sé responsable. No creo que haga falta decir que meterse en el mar a -5 grados no es tan buena idea como la pintan. Estás exponiendo a tu cuerpo al frío y, si no eres consciente de lo que haces, puedes llegar a sufrir hipotermia. Te aconsejo que lo practiques en tu casa y que tengas un secador a mano, pues tan importante es la exposición al frío durante la ducha como la recuperación del calor tras salir de ella. 

Finalmente, sí, puedes seguir duchándote con agua caliente si te apetece. Recuerda que no es una obligación, sino una práctica de la que esperas obtener beneficios. 


Hemos llegado al final. Espero que te haya sido útil y que te decidas a ponerlo en práctica. Recuerda que dispones de más información en Internet y que hay personas, como Wim Hof, que hasta han escrito libros sobre el tema. Puedes adquirirlo aquí.

Yo no tengo la verdad absoluta, así que es recomendable contrastar opiniones.

Por último, me haría mucha ilusión que me dejases en los comentarios tus experiencias, pues yo no soy más que un novato en esto. Y, si a raíz de este post te decides a probarlo, házmelo saber también en los comentarios.

Un saludo y, ¡a pasar frío! 

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yo

Me llamo Javier Teja y me apasiona aprender. Leer, escribir y probar cosas nuevas han formado parte de mi vida desde que, a los 16 años, me sumergí en el mundo de los libros.

Años después, sigo manteniendo esa ilusión a través de este blog, donde comparto aquellas experiencias, recursos e ideas que me parecen interesantes. Sigo escribiendo, pintando y, en definitiva, probando. Y, entre tanto, haciendo como que trabajo. ;-)

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