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¿Cómo superar la adicción al móvil?

Volvemos a la carga con un post, en mi opinión, muy interesante: la adicción al móvil. Parece que la cosa va de adicciones, ya que hace poco hablamos de la adicción al azúcar, pero creo que es un tema que ha ganado fuerza en los últimos tiempos.

Hoy te hablaré de los pasos que estoy siguiendo para disminuir el uso del teléfono, para que, si lo crees conveniente, puedas replicarlo. Empecemos con la desintoxicación.

Una adicción muy real

Sin siquiera conocerte, puedo asegurar que, lo primero que haces al levantarte es coger el móvil. Has desarrollado un superpoder: eres capaz de encender y desbloquear tu teléfono incluso antes de darte cuenta de que te has despertado.

Al menos, este era mi caso (y, en menor medida, lo sigue siendo). Mi rutina era salir de la cama, encender el móvil y pegarme un maratón de WhatsApp, Youtube e Instagram. Ahí se iban los primeros 30 o 40 minutos de mi día.

Pero, la cosa no ha hecho más que empezar. Esa media hora larga era la primera del día, llegando a sobrepasar las 4 horas de consumo diario. Sí, como lo has oído: 4 horas pegado al móvil, cada día. Si asignamos 8 o 9 horas al sueño, podríamos decir que disponemos de unas 15 horas al día. Pues bien, 4 de ellas (es decir, el 27% de esas 15 horas), las invertía en redes sociales y demás aplicaciones.

Estamos hablando de más de un cuarto del día. Eso es mucho tiempo. Y, sobre todo, si tenemos en cuenta que ese tiempo se invertía en Instagram, Youtube o cualquier otra red social. Si me dedicase profesionalmente a ello, tendría sentido, pero lo único que hacía era perder el tiempo en cosas que no me aportaban nada.

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¿Qué estará haciendo «The Rock» en este momento? Voy a mirar…

Y no soy el único. La adicción al teléfono móvil tiene nombre, nomofobia, y está catalogada como enfermedad o trastorno para la salud mental. El boom de los teléfonos móviles ha arrasado entre los jóvenes, presentándose en una etapa de cambios como es la adolescencia. La dependencia es real y múltiples estudios la avalan (aunque, no creo que hagan falta estudios para darnos cuenta de ello).

Si no puedes salir de casa sin el teléfono, tienes el impulso de consultarlo cada 5 minutos o lo usas constantemente, aun cuando estás con tus amigos, seguramente sufras dependencia. Aunque, supongo que ya lo sabes. Es de las pocas adicciones que todo el mundo contempla y reconoce, pero no hace nada por cambiar.

Recuerda: si utilizas tu móvil unas 4 horas de media al día, estarás invirtiendo el 27% de tu tiempo (y sí, es demasiado).

¿Por qué deberías desengancharte?

Durante este confinamiento, he sido muy consciente de mi adicción al teléfono, pero, como todo en la vida, no sirve de nada reconocerlo y no ponerle remedio. Así que, dado que era un reto para mí, decidí buscar razones de peso para limitar mi uso del móvil.

Mi tiempo es valioso

Una de las razones que me empujó a desengancharme fue el tiempo. No quiero malgastar horas y horas viendo las stories de otras personas (por muy amigos míos que sean) ni las discusiones por Twitter de si es mejor la sopa de fideos o la de letras.

Mi tiempo, como el de todos, es valioso y pasarme la mañana entera en las redes sociales no me va a aportar gran cosa. Perder un cuarto de mi día en la red no me compensa.

Desconectar para conectar

Otra de las razones fue la conexión con mi entorno. No me malinterpretes, creo que aplicaciones como WhatsApp son geniales para conectar con personas que tienes lejos y a las que no puedes ver en mucho tiempo, pero tiene su lado negativo.

Es paradójico que, en un mundo interconectado, estemos más solos que nunca. Estamos perdiendo el mirarse a los ojos y hablar de tú a tú. Porque, dejémoslo claro, de nada sirve hablar a la vez con 20 personas por WhatsApp, si ese es vuestro único contacto.

Quizá sea yo el raro, pero prefiero un 10 minutos de conversación con una persona de carne y hueso que 2 horas de mensajes cruzados a través de un aparato. Y, lo siento, pero hacer un reportaje de mi día a mis contactos no va conmigo.

Básicamente, quería dejar de estar pendiente de los mensajes en cada momento, para mejorar mis relaciones. Si alguien quiero contarme algo o viceversa, y podemos vernos fácilmente, me parece lógico hacerlo en persona.

Para hablar con alguien que está lejos, el teléfono es perfecto. Pero, si no es así, creo que deberíamos recuperar el cara a cara (manteniendo la distancia de seguridad, no vaya a ser… 😉 ).

No, ahora en serio. El móvil es un inventazo, pero no podemos construir relaciones a través de él (o no exclusivamente). Si nos comunicásemos de verdad, ahorraríamos muchos malentendidos e intentaríamos que el tiempo juntos fuese de calidad. O eso es lo que pienso.

No deja de ser una adicción

La tercera y última razón es que, al fin y al cabo, no deja de ser una dependencia. No quiero vivir pegado al teléfono y tener que llevarlo siempre en el bolsillo.

Me he dado cuenta de que ha llegado un punto en el que no podía controlarlo. Sentía la necesidad de consultar mi móvil cada poco tiempo y no era bueno para mi salud.

Es una gran herramienta, pero tiene que estar a nuestra disposición y no al revés. Como el tío Ben decía: «un gran poder conlleva una gran responsabilidad«.

Tío, #spiderman es trending topi…

¿Cómo supero mi adicción?

Una vez expuestas las razones que me han llevado a limitar mi uso del teléfono, es hora de contarte cómo lo he hecho. Como siempre te digo, mi experiencia tiene que servirte de inspiración, pero debes probar por ti mismo y comprobar qué te funciona mejor.

Te advierto que he tomado medidas drásticas y renunciado a cosas que otros catalogan como necesarias. Está en tus manos decidir hasta dónde quieres llegar.

Borrón y cuenta nueva

La primera medida que tomé fue eliminar todas aquellas aplicaciones que no utilizaba. Te animo a que cojas tu teléfono y analices una por una todas tus aplicaciones. Aquella que no te sea útil a corto o largo plazo, mándala a la papelera.

Este paso es sencillo, porque nos estamos desprendiendo de aplicaciones que teníamos olvidadas en nuestro teléfono. Pero, ahora la cosa se complica: quiero que hagas una segunda revisión y elimines aplicaciones que usas, pero que sabes que solo te hacen perder el tiempo.

Esta segunda medida me costó mucho, pero era necesaria. Eliminé casi todos los juegos y… casi todas las redes sociales. De hecho, solo he dejado WhatsApp y Youtube. Aun así, he de decir que, al menos con Instagram, es algo temporal, ya que no solo la utilizo para cotillear las vidas ajenas.

Sin duda, es la decisión más efectiva para desengancharte del móvil, aunque también la más dolorosa. De hecho, puede que te dé pánico hacerlo, pero, no te preocupes, te aseguro que no se acaba el mundo por dejar las redes sociales un tiempo.

Momento de ordenar

Una vez eliminadas todas aquellas aplicaciones que no necesitamos, vamos a ordenar nuestro teléfono. Esto, nos permitirá no andarnos por las ramas y saber en cada momento dónde están nuestras aplicaciones.

Para facilitarte las cosas, te dejo con mi propia organización:

  • Página principal: pantalla de inicio, que aparece al desbloquear el móvil. En esta página tan solo tengo el reloj, para saber en qué hora vivo.
  • Segunda página: aquí he colocado las aplicaciones que más utilizo: WhatsApp, Youtube (aunque las redes sociales puedes colocarlas en la tercera página, para no verlas continuamente), Headspace, un lector de PDF y ePub, Google, etc. Te aconsejo que no sean más de 8 ó 9 aplicaciones y que valores realmente si son las más importantes para ti (y evita poner juegos en esta sección).
  • Tercera página: esta es la que más trabajo requiere. Aquí tengo, ordenadas por temáticas, todas las aplicaciones del teléfono. Te aconsejo que crees carpetas para apps similares, con el fin de tener todo bien organizado. Por ejemplo, puedes colocar en la carpeta «Google» la app de Gmail, Google Drive, Google Docs y Google Calendar.
  • Cuarta página: es la última página, donde guardo el widget de Google Calendar (que muestra la programación del día) y una lista de tareas por hacer (uso la app SplenDO).

Y, así es como organizo el teléfono. Comentar que, en la parte inferior de cada página, tengo por defecto las aplicaciones de Contactos, Llamada, Google Chrome y Cámara (ya venían con el teléfono).

Suelo ir cambiando de organización, pero esta me gusta y creo que puede servirte. Aun así, no hemos acabado: una vez organizado, queda asentar límites.

Límites y notificaciones

Ya hemos eliminado las aplicaciones que consumían nuestro tiempo y hemos ordenado el móvil. Lo único que queda es fijar los límites que estamos dispuestos a asumir.

Lo primero de todo, son las notificaciones. En este aspecto, he sido bastante radical: he silenciado todas las notificaciones, excepto las de Gmail. A día de hoy, no recibo niguna notificación de WhatsApp, por lo que, si quiero comprobar los mensajes, tengo que entrar en la aplicación.

Es algo que estoy probando y todavía no sé si es lo mejor para mí. Lo que te aconsejo es que silencies todos los contactos y grupos, salvo aquellos que consideres tan importantes que no puedas perderte ningún mensaje (cada teléfono es distinto, por lo que te animo a consultar cómo silenciar ciertos contactos en tu modelo de móvil).

No tengas miedo de no poder contestar al momento a las otras personas. Quizá te parezca egoísta, pero no puedes estar disponible las 24 horas del día. Más vale contestar prestando toda tu atención que estar a 8 conversaciones a la vez. Y, no te preocupes, si es algo realmente importante, la otra persona te llamará.

Esto de desconectar del WhatsApp está bien, pero… ¿Cuánto tiempo más tengo que estar así? Es que me pierdo la discusión del grupo. Seguro que traen stickers nuevos…

Mi recomendación es que solo mantengas activadas las notificaciones de aquellas apps imprescindibles. La notificación debe servir de recordatorio, no de distracción.

Una vez más: «La notificación debe servir de recordatorio, no de distracción


Hablemos ahora de los límites. Los móviles actuales suelen incorporan una función de «control de uso del teléfono». En mi caso, utilizo un Xiaomi, con la función «Bienestar Digital» incorporada.

Esta me permite fijar horarios y límites de tiempo a mis aplicaciones (los llamados «temporizadores»). Tengo activado que, desde que me levanto hasta las 14:30, se bloquee el uso de Youtube y Netflix (aunque esta última apenas la uso). Esto me permite no entrar en un bucle infinito de vídeos nada más levantarme, reduciendo drásticamente mi uso del teléfono.

Un consejo sobre Youtube
Puedes controlar las recomendaciones que te ofrece Youtube, para no perderte en vídeos de cachorros y sacarle todo el provecho a esta red social.

En cuanto a los temporizadores, suelo establecer un máximo de entre 30 y 45 minutos al día en Youtube, WhatsApp o Google, entre otras. Cuando me paso del tiempo fijado, la app se bloquea y, si quiero utilizarla, me veo obligado a desactivar el temporizador. Parece una tontería, pero me sirve para darme cuenta del tiempo que llevo usando el teléfono y que quizá es buena idea dejarlo por hoy.

Últimos consejos

Si has seguido los pasos anteriores, tendrás un móvil a prueba de distracciones. Aun así, más te vale prepararte.

Los primeros días estarás a merced de la dependencia, por muy optimizado que esté tu teléfono. Ahora que no tengo Instagram, me descubro haciendo lo imposible por mantenerme entretenido con el móvil entre las manos. He llegado al punto de entrar en Google para buscar cosas al azar, encadenando noticias, cosa que antes no hacía nunca.

Si es tu caso, no te tortures. Cambiar viejos comportamientos lleva su tiempo, por lo que es normal que sientas la necesidad de utilizar el teléfono constantemente (bueno, realmente no es normal, de ahí que lo estemos intentando remediar; ya me entiendes).

Hace unas dos semanas que decidí cambiar mi rutina por la que te he presentado y, aunque todavía es pronto, noto mejoría. He pasado de más de 4 horas diarias a unas 2 o 2 y media (también ha influido el poder salir de casa, eso hay que tenerlo en cuenta). Aun así, se trata de una carrera de fondo y este no es más que el primer kilómetro.

Conclusiones

El teléfono móvil es uno de los mayores inventos de las últimas décadas. Y, por muy estricto que me ponga en relación a su uso, soy consciente de ello.

Muchos de los cambios que he introducido en el manejo del teléfono pueden tacharse de radicales, y es posible que lo sean. Con este post, mi intención no era influenciarte, tan solo mostrarte lo que voy probando.

Seguramente, a lo largo de las próximas semanas y meses, mis hábitos cambien. Si esto ocurre y veo que la información de la entrada se queda obsoleta, iré actualizándola. Al fin y al cabo, solo son pruebas.

Si crees que pasas demasiado tiempo pegado al móvil, puedes probar los consejos que te he ofrecido. Y, como siempre, estaré encantado de leerte en los comentarios, ya sea contándome tu experiencia o aportando algún consejo distinto. 😉

Si te ha resultado útil, puedes echar un vistazo a este post, del que ya te he hablado al principio:

Espero que te haya gustado y nos leemos pronto.

Un abrazo,

-Javier

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yo

Me llamo Javier Teja y me apasiona aprender. Leer, escribir y probar cosas nuevas han formado parte de mi vida desde que, a los 16 años, me sumergí en el mundo de los libros.

Estoy convencido de que cada persona puede alcanzar aquello que se proponga, a través del arma más poderosa de la que disponemos: el aprendizaje. A raíz de este pensamiento, nació el proyecto Educación Moderna y mi primer libro, «Súper Estudiante».

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