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Reseña «Siddhartha», de Hermann Hesse

siddhartha

Siddhartha, de Hermann Hesse, narra la vida de Siddhartha, un hombre que busca la iluminación a través de un viaje terrenal y espiritual, a lo largo de toda su vida. Tal como refleja el título de la obra, bien podría ser una interpretación de la vida de Siddhartha Gautama (más conocido como Buda), en su camino hacia la iluminación.

La novela se presenta, por tanto, como un viaje, en el que se narran las distintas etapas de la vida de Siddhartha. Empezando por su niñez y culminando en su vejez y próxima muerte, Hesse nos invita a recorrer los caminos del Yo, de la mano del joven aprendiz.

El joven Siddhartha

Hijo de un brahmán (miembro de la casta sacerdotal, la más elevada de las cuatro castas de la población de la India), el destino de Siddhartha estaba marcado desde su nacimiento. Como joven aprendiz, debía seguir las enseñanzas de los textos antiguos, para que, en un día futuro, llegase a convertirse en brahmán y, de esta forma, sucediese a su padre.

Hermann Hesse
El autor, Hermann Hesse.

Sin embargo, los planes del joven eran distintos. Movido por su inteligencia e inconformismo, decide acompañar en peregrinación a los samanas, ascetas que buscan la iluminación a través de la renuncia a las comodidades y el mundo material. Así, pese a la desaprobación de su padre y junto a su amigo Govinda, Siddhartha deja su hogar, en busca de respuestas.

“Siddhartha tenía un fin, una meta única: deseaba quedarse vacío, sin sed, sin deseos, sin sueños, sin alegría ni penas. Deseaba morirse para alejarse de sí mismo, para no ser yo, para encontrar la tranquilidad en el corazón vacío, para permanecer abierto al milagro a través de los pensamientos despersonalizados: ese era su objetivo. Cuando todo el yo se encontrase vencido y muerto, cuando se callasen todos los vicios y todos los impulsos en su corazón, entonces tendría que despertar lo último, lo más íntimo del ser, lo que ya no es el yo, sino el gran secreto.”

El primer desengaño

Tras años de peregrinación, Siddhartha comienza a entender que el camino de los samanas no es aquel que le traerá la iluminación, y así se lo hace saber a su amigo Govinda:

“—¿Qué significa el arte de ensimismarse? ¿Qué es el abandono del cuerpo? ¿Qué representa el ayuno? ¿Qué se pretende al detener la respiración? Se trata sólo de huir del yo. Es un breve escaparse del dolor de ser yo, una breve narcosis contra el dolor y lo absurdo de la vida. La misma huida, la misma breve narcosis encuentra el arriero en el albergue cuando bebe algunas copas de aguardiente de arroz o de leche de coco fermentada. Entonces ya no siente su yo, ya no experimenta los dolores de la vida; en aquel momento ha encontrado una breve narcosis. Dormido sobre su copa de aguardiente de arroz alcanza lo mismo que Siddhartha y Govinda después de largos ejercicios: escapar de su cuerpo y permanecer en el no-yo. Así sucede, Govinda.”

El joven entiende que, pese a su vida extravagante y poco ortodoxa, los samanas no están más cerca de la iluminación que un simple pastor. Al fin y al cabo, todos buscamos formas de escapar del Yo, ya sea a través de la bebida, las drogas u otros hábitos más saludables, como la meditación o el ejercicio físico.

Gotama, el santo

Siddhartha y Govinda barajan la posibilidad de dejar a los samanas y continuar su propio camino, cuando llega a sus oídos la leyenda de Gotama, un santo que ha alcanzado la iluminación. Gotama, a través de sus enseñanzas, ha congregado a una gran cantidad de discípulos, deseosos por entender los secretos que guarda el maestro.

Govinda ruega a Siddhartha que lo acompañe a conocer a Gotama, dejando atrás la peregrinación de los samana. Siddhartha acepta, pero hace una advertencia a su amigo, en relación a las enseñanzas de Gotama:

“[…]… desconfío de todo porque estoy cansado de las doctrinas y de aprender, y que es muy pequeña mi fe en las palabras que nos llegan de profesores.”

Govinda y Siddhartha encuentran a Gotama y a su séquito y, tras escuchar las palabras del maestro, Govinda decide unirse a su congregación. Siddhartha, por su parte, decide continuar su búsqueda y, tras despedirse de su amigo, intercambia unas palabras con el sabio Gotama, las cuales arrojan los motivos de su marcha:

“Has encontrado la redención de la muerte. La has hallado con tu misma búsqueda, con tu propio camino, a través de pensamientos, ensimismaciones, ciencia, reflexión, inspiración. ¡Pero no la has encontrado a través de una doctrina! Yo pienso, majestuoso, ¡que nadie encuentra la redención a través de la doctrina! ¡A nadie, venerable, le podrás comunicar con palabras y a través de la doctrina lo que te ha sucedido a ti en el momento de tu inspiración!

Mucho es lo que contiene la doctrina del inspirado buda, a muchos les enseña a vivir honradamente, a evitar lo malo. Pero esta doctrina tan clara y tan venerable no contiene un elemento: el secreto de lo que el majestuoso mismo ha vivido, él solo, entre centenares de miles de personas. Esto es lo que he pensado y comprendido cuando escuchaba tu doctrina. Y por ello, continúo mi peregrinación. No para buscar otra doctrina mejor, pues sé que no la hay, sino para dejar todas las doctrinas y a todos los profesores, y para llegar solo a mi meta, o morirme.” 

Así, Siddhartha comienza su propia peregrinación y búsqueda en solitario. 


El nuevo Siddhartha

Tras dejar a Govinda y Gotama, Siddhartha entiende por fin el por qué de su recelo a las doctrinas. Como él mismo relata a Gotama, ha comprendido que no son las enseñanzas lo que hace sabios a los hombres, sino las vivencias que estos atesoran a lo largo de su vida. De esta forma, Siddhartha decide buscar en su interior, estudiar sus propias doctrinas y experiencias, como medio para comprender el Yo, al verdadero Siddhartha.

“Ya no me enseñará el yoga-veda, ni el atharva-veda, ni los ascetas, ni cualquier otra doctrina. Quiero aprender de mí mismo, deseo ser mi discípulo, conocerme, adentrarme en el misterio de Siddhartha.”

Kamala y la ciudad

Siddhartha continúa su viaje y, tras cruzar un río con la ayuda de un amable barquero, llega a una floreciente ciudad. A sus puertas, conoce a Kamala, una bella cortesana por la que decide cesar su peregrinación e instalarse en la ciudad.

Gracias a la ayuda de Kamala, entra en el negocio de Kamaswami, un noble comerciante del que, pronto, se convierte en consejero y, en muchos sentidos, superior. De esta forma, Siddhartha comienza a ganar dinero y elevar su posición social, lo que le permite tratar a Kamala como una igual y aprender de ella los juegos del amor.

Siddhartha pronto se convierte en un gran comerciante, gracias a su despreocupación y diligencia, aprendida durante sus años como samana. El siguiente párrafo describe su forma de vida, heredada de sus maestros ascetas:

“Siddhartha no hace nada, sólo espera, piensa, ayuna, sin hacer nada, sin moverse: se deja llevar, se deja caer. Su meta le atrae, pues él no permite que entre en su alma nada que pueda contrariar su objetivo. Eso es lo que Siddhartha ha aprendido de los samanas. Es lo que los necios llaman magia y creen que es obra de demonios. Nada es obra de los malos espíritus, estos no existen. Cualquiera puede ejercer la magia si sabe pensar, esperar, ayunar.”

Podemos ver esta curiosa actitud en los consejos que un amigo comerciante ofrece a Kamaswami, en vista de la despreocupación del joven:

“Siempre parece que juega a los negocios; jamás se siente ligado o dominado por ellos; nunca teme al fracaso, ni le preocupa una pérdida.El amigo aconsejó al comerciante:
  —De los negocios que te lleva, entrégale una tercera parte de los beneficios, pero deja que también pague la misma participación en las pérdidas que se produzcan. Así lograrás que se interese más.

Kamaswami siguió su consejo. No obstante, Siddhartha se inmutó muy poco. Si conseguía beneficios, los recibía con indiferencia; si existía una pérdida, se echaba a reír y exclamaba:
  —¡Pues mira, esto no ha salido bien!”

La caída a los infiernos

Tras años de romances con Kamala y de juegos con los comerciantes, Siddhartha comienza a dejarse llevar por la pereza y el placer material. La vergüenza hacia su propia persona crece y, un día, tras ver la ilusión en la que ha convertido su vida, decide dejar la ciudad, a Kamala y sus negocios.

Huye hacia el bosque y, tras una larga caminata, encuentra el río por el que una vez accedió a la ciudad. Desesperado, piensa en acabar con su vida, tal como muestra el siguiente pasaje:

“Con el rostro desencajado clavó su vista en el agua: al ver el reflejo de su cara escupió en el agua. Lleno de abatimiento separó el brazo que apoyaba en el tronco y se volvió un poco para deslizarse y hundirse de una vez para siempre. Se hundía hacia la muerte con los ojos cerrados.”

Afortunadamente, algo le impide dar el paso. Una voz que había escuchado en su niñez, durante sus largas meditaciones como aprendiz de brahmán:

“En ese instante sintió una voz llegar desde remotos lugares de su alma, del pasado de su agotada existencia. Era una palabra, una sílaba que repetía maquinalmente una voz balbuciente; se trataba de la vieja palabra, principio y fin de todas las oraciones de los brahmanes: el sagrado Om, que significa lo perfecto o la perfección.”


El camino de la iluminación

Tras este episodio, se reencuentra con Govinda, ahora convertido en discípulo de Gotama. Tras hablar con él, decide encaminarse a la casa del barquero, aquel hombre que tan amablemente le trató años atrás, el día que decidió cruzar el río.

El barquero, llamado Vasudeva (probablemente, relacionado con el dios Vasudev, padre de Krisna), acepta a Siddhartha en su casa y este decide quedarse a trabajar con él. Tras años de trabajo, Siddhartha comienza a comprender la divinidad de su compañero, el cual ha dedicado toda su vida a la contemplación del río. Y, a través de esta contemplación, Vasudeva ha sido capaz de comprender la totalidad del mundo y las cosas, consciente del eterno ciclo y de la verdad.

Vasudeva Kamala
Vasudev, padre del dios Krisna.

Siddhartha, en sus reflexiones, se pregunta cómo ha podido obviar la simpleza de la verdadera iluminación, entregado a sus múltiples viajes, cuando la verdad la tenía delante siempre, tal y como ejemplifica la persona de Vasudeva:

“¿No parece que he precisado dar grandes rodeos para convertirme paulatinamente en un hombre, para dejar de ser filósofo y vivir como una persona vulgar?». Y, a pesar de todo, ha sido un buen camino, no ha muerto completamente el pájaro que se alberga en mi interior. Pero ¡qué camino es ese! He tenido que sobrevivir a tanta ignorancia, vicio error, asco y desengaño, tan sólo para volver a ser un hombre que no piensa, como los niños, y así, poder empezar de nuevo.”

“Por ello tuvo que lanzarse al mundo, perderse entre los placeres y el poder, la mujer y el dinero; se había tenido que convertir en comerciante, jugador, bebedor, glotón, hasta que el brahmán y el samana de su interior se murieran.”

Estas reflexiones le permiten entender la verdad de las doctrinas, un asunto que, desde su niñez, había atormentado a Siddhartha. De esta forma, comprende la verdadera utilidad de las enseñanzas y, así lo enuncia:

“No, el que realmente quiere encontrar, y por ello busca, no puede aceptar ninguna doctrina. Pero el que ha encontrado, ya puede aceptar cualquier doctrina, cualquier camino u objetivo; a este ya no le separa nada de los miles restantes que viven en lo eterno, que respiran lo divino.”

Kamala y el hijo de Siddhartha

Un buen día, Kamala y su hijo, fruto del amor con Siddhartha, llegan a la orilla del río. Kamala, convertida a las enseñanzas del santo Gotama, emprende una peregrinación con su hijo, al igual que la mayoría de los discípulos del santo, ante la inmediatez de la muerte del maestro. 

En la orilla, Kamala es mordida por una serpiente y, tras ser socorrida por Siddhartha y Vasudeva, muere en la choza del barquero. Así, Siddhartha se hace cargo de su propio hijo, tratándolo con la benevolencia de un sabio padre. Sin embargo, los años pasan y el hijo de Siddhartha comienza a odiar a su padre, por encerrarlo en esa pequeña choza, atado al río y su fluir. 

Un buen día, el hijo de Siddhartha decide escapar y Siddhartha emprende su búsqueda, sin obtener resultado. Vasudeva, consciente del dolor del padre, le ofrece un sabio consejo:

“Amigo, ¿acaso crees que ese camino se lo podías ahorrar a alguien? ¿Quizás a tu hijo, porque le amas y desearías ahorrarle penas, dolor y desilusiones?”

Siddhartha entiende que su hijo ha tomado la misma determinación que él mismo tomó en su niñez, gracias a las palabras de Vasudeva. Aun así, son numerosas las veces que piensa en ir a buscarlo, pero, en todas ellas, el río es capaz de retenerle y aportarle serenidad:

“El río se reía. Sí, así era; todo lo que no se había terminado de sufrir y solucionar, regresaba de nuevo.”

El regreso de Govinda

Siddhartha, ya en su vejez, entiende que Vasudeva siempre ha sido un santo. Ahora, tras alcanzar su propia iluminación, puede entenderlo y ver la verdad. Y, también Vasudeva, que, tras comprobar la obra provocada en su discípulo, decide que su misión ha finalizado. Vasudeva abandona su choza y se interna en el bosque para no volver, dejando a Siddhartha emprender su propio camino.

Tras varios años, Govinda vuelve al río, donde se reencuentra con su amigo Siddhartha. Govinda confiesa a su antiguo compañero su frustración por no haber alcanzado la iluminación, a lo que Siddhartha responde:

“Cuando alguien busca —continuó Siddhartha—, fácilmente puede ocurrir que su ojo sólo se fije en lo que busca; pero como no lo halla, tampoco deja entrar en su ser otra cosa, ya que únicamente piensa en lo que busca, tiene un fin y está obsesionado con esa meta. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no necesitar ningún fin. Tú, venerable, quizás eres realmente uno que busca, pues persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista.”

Govinda, tras ver el cambio obrado en Siddhartha, le ruega que comparta con él sus enseñanzas, pues ni las doctrinas del gran Gotama han sido suficientes para él. Siddhartha, sin embargo, le explica que no es capaz de hacer tal cosa:

“La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un erudito intenta comunicar, siempre suena a simpleza.
  —¿Bromeas? —inquirió Govinda.
  —No. Digo lo que he encontrado. El saber es comunicable, pero la sabiduría no. No se la puede hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros: pero nunca se la puede explicar ni enseñar. Esto era lo que ya de joven pretendía, y lo que me apartó de los profesores. […]

¡Lo contrario a cada verdad es igual de auténtico! O sea: una verdad sólo se puede pronunciar y expresar con palabras si es unilateral. Y unilateral es todo lo que se puede expresar con pensamientos y declarar con palabras; todo lo unilateral, todo lo mediocre, todo lo que carece de integridad, de redondez, de unidad.”

Govinda no entiende a su amigo, exigiéndole que comparta con él sus pensamientos e ideas, si no le es posible entregarle una doctrina. Siddhartha vuelve a rehusar su petición:

“Un pensamiento, puede ser así. Amigo, he de hacerte una confesión: no me gusta diferenciar mucho entre pensamientos y palabras. Para serte sincero, tampoco soy partidario de las teorías. Me gustan más los objetos.”

Govinda, derrotado, decide reanudar su marcha, pero, antes de irse, Siddhartha le retiene. Siddhartha, convertido ya en santo, pide a Govinda que bese su frente y, este, al hacerlo, es capaz de comprender aquello que Siddhartha intentaba comunicarle. Govinda tiene un destello de iluminación, tras el cual, es capaz de ver a su amigo como lo que de verdad es, aquello en lo que su camino le ha convertido: un santo, el verdadero Buda.


Conclusión

La historia de Siddhartha, aunque pueda parecer lo contrario, es la historia de cualquier ser humano. Todos hemos pasado (y pasaremos) por las distintas fases que vive Siddhartha, desde la búsqueda ávida de los años mozos hasta la sabiduría de la vejez.

Más aún, viviremos ese mismo viaje en repetidas ocasiones, como un eterno ciclo que marca el transcurso del tiempo. Tendremos esperanzas, perseveraremos, sufriremos desengaños y, al final, nos volveremos más sabios.

Por tanto, esta no es la historia de Siddhartha. Es mi historia, y también la tuya. La historia de todos aquellos que te rodean. ¿Alcanzaremos todos la «iluminación»? Seguramente sí, aunque por breves períodos.

Como Siddhartha, probaremos doctrinas, filosofías, personas, lugares y oficios, para acabar descubriendo que todo ello influye en nuestra realidad, pero es secundario. ¿Llegaremos a alcanzar la paz y la felicidad? Seguramente no, pero, por el camino, lograremos conocernos mejor. Y, ¿no es eso lo importante?


Si quieres leer la obra completa, puedes hacerlo a través del siguiente enlace:

Hasta que nos volvamos a leer,

Un abrazo 😉

-Javier

Reseña «No More Mr. Nice Guy», de Robert A. Glover

Hace pocas semanas me topé con uno de esos libros que te hacen reflexionar. «No More Mr. Nice Guy» (2003), del autor y terapeuta Robert A. Glover, es una joya escondida, un libro corto pero conciso, que esconde mucho más de lo que aparenta.

Nice Guy
Esta es la joyita…

En esta obra, el Dr. Glover aborda el tema al que ha dedicado la mayor parte de su carrera como terapeuta: el síndrome del «Nice Guy» o del «chico bueno». En este post, intentaré (intentaremos) responder a 3 preguntas, tal y cómo detalla el libro:

  • ¿Qué es un «Nice Guy»?
  • ¿Es malo serlo?
  • ¿Debería dejar de serlo y cómo hacerlo?

Antes de nada, decir que el contenido de esta entrada parte de mi interpretación del libro. Si te sientes identificado con el arquetipo de «chico bueno», te recomiendo que leas la obra completa. Por otro lado, si eres mujer y estás leyendo esto, te aviso de que el libro está enfocado hacia el género masculino, lo que no quita que pueda serte útil o que ciertos comportamientos de «Nice Guy» puedan estar presentes en el género femenino.

¿Qué es el síndrome del «Nice Guy»?

Tras años de estudio y, gracias a las experiencias de los múltiples hombres a los que ha asesorado, el doctor Glover ha extraído las características del típico «chico bueno» o «Nice Guy». A continuación, citaré algunas de ellas, aquellas que considero que mejor ilustran este modelo de comportamiento:

  • Buscan la aprobación de los demás, amoldando su personalidad según el tipo de persona que tienen enfrente y escondiendo sus defectos.
  • Esconden y reprimen sus emociones, huyendo del conflicto. No saben manejar sus sentimientos.
  • Les resulta muy difícil de anteponer sus necesidades y decir «no».
  • Dan con el único propósito de recibir algo a cambio.
  • Se sienten atraídos por las situaciones y personas que necesitan ser arreglados, ofreciendo su ayuda para sentirse útiles.
  • Creen que su masculinidad es peligrosa y la reprimen.
  • Están convencidos de que, si actúan correctamente en todas las situaciones y son «buenos», los demás les querrán, podrán satisfacer sus necesidades y llevarán una vida sin problemas.
  • Creen que la clave de su felicidad consiste en hacer felices a otros, aunque ellos no lo sean.

Estas son algunas de las características que definen al típico «Nice Guy». Quizá te sientas identificado con alguna o la totalidad de ellas, lo que tampoco asegura que lo seas (aunque, déjame decirte que, si has llegado hasta esta página de forma premeditada, es muy posible que seas un «chico bueno»).

Habrás notado que hay rasgos que no tienen por qué ser negativos e, incluso, puedas pensar que no hay nada de malo en ser un «Nice Guy». La realidad es distinta y, valiéndome de las palabras de Glover, te mostraré por qué deberías evitar caer en esta definición.

¿Por qué ser un «chico bueno» es algo malo?

Varias de las características expuestas anteriormente nos pueden brindar pistas sobre el título de este apartado. Tras la máscara de persona buena y amable, se esconde un ser peligroso. Guiado por una necesidad de aceptación y un miedo terrible a mostrar sus defectos, el típico «chico bueno» podrá ser deshonesto, manipulador y capaz de mentir con tal de quedar en buena posición a los ojos de los demás.

Su necesidad de validación externa le impedirá definir límites y mirar por sus necesidades. Además, su incapacidad de mostrarse tal y como son les vuelve personas solitarias, ya que son incapaces de forjar relaciones profundas. Este hecho se acentúa en relaciones de pareja o íntimas, pues todo lo relacionado con el sexo les provoca una profunda incomodidad e inseguridad.

Antes hablaba de que eran seres peligrosos, aunque esto no quiere decir que, a la mínima, vayan por ahí acuchillando a la gente (o no suelen hacerlo). Son peligrosos porque no saben manejar sus emociones y tienden a reprimir su rabia. Esto explica por qué pueden ser encantadores un día y, al siguiente, ser capaces de provocar mucho daño, a través de conductas pasivo-agresivas y del victimismo.

Pero, sin lugar a dudas, el mayor daño es el que se provocan a ellos mismos. Al ser incapaces de entender y dar cabida a sus emociones, viven en una mentira, mostrando su cara más alegre cuando son puro resentimiento e infelicidad por dentro.

No more mr. nice guy
Ni siquiera el mismo «Nice Guy» sabe lo que esconde tras su máscara.

Origen del síndrome

Tal y como se explica en el libro, el síndrome del «Nice Guy» nace de una gestión incorrecta del miedo al abandono y el egocentrismo propio de la infancia. Todos hemos experimentado los dos factores anteriores durante nuestros primeros años de vida (en mayor o menor medida), tratándose de sucesos necesarios para nuestro correcto desarrollo.

El arquetipo de «chico bueno» también ha sido víctima de estos defectos y miedos de la infancia, pero no ha sido capaz de gestionarlos correctamente, llegando a culparse por ello. Ha vivido situaciones de abandono o insatisfacción y, erróneamente, ha determinado que, si en un momento puntual no se siente atendido, se debe a su mal comportamiento. En su corta experiencia, ha decretado que la única solución es la siguiente: hacerlo todo perfecto.

En su inocencia, empieza a formarse la idea de que, si su comportamiento es perfecto, los adultos estarán dispuestos a prestarle plena atención y a atender todas sus necesidades. A medida que va creciendo, extrapola este comportamiento a todos los ámbitos de su vida y, cuando comprueba que, por muy «bueno» que sea no recibe de los demás el suficiente aprecio (o lo que él considera suficiente aprecio), comienza a reprimir sus emociones de incomprensión y rabia.

El impacto de la sociedad moderna

Durante las últimas décadas, las reglas del juego han ido cambiando. Los movimientos en pos de la igualdad de género han derivado en un necesario impulso en el papel de la mujer dentro de la sociedad. El cambio de conciencia global ha permitido asentar las bases de una igualdad entre hombres y mujeres y, si bien queda camino por recorrer, los avances han sido notables.

Por otro lado, los terrores de la Segunda Guerra Mundial asentaron las bases de un futuro marcado por la paz. La generación «baby boom» tuvo que enfrentarse a un mundo incierto, construyendo una nueva sociedad global que superase los antiguos rencores de la guerra. Esta sociedad se concentró en las grandes ciudades, culminando el predominio de lo urbano frente a lo rural.

Las figuras paternas comenzaron a estar menos presentes en el día a día de los hijos, debido a los nuevos trabajos de 9 a 5. Las relaciones forjadas a través de actividades propias del mundo rural, en las que los jóvenes aprendían de sus mayores, prácticamente desaparecieron y, con ellas, los valores que pretendían transmitir.

Esta serie de factores ha supuesto un duro golpe para el concepto de masculinidad. Los jóvenes, desnutridos de correctos referentes de los cuales aprender y azotados por nuevas ideas radicales, han visto cómo el concepto de «masculinidad» ha sido deformado y tachado de retrógrado. La represión de sus instintos y emociones, por miedo a la crítica social, ha sido la vía que muchos jóvenes han decidido tomar, desarrollando aptitudes propias de un «Nice Guy».

Esto no quiere decir que haya conductas asociadas a la masculinidad que no sean correctas. El paso de una sociedad machista a otra igualitaria es crucial, pero debe encararse desde el planteamiento correcto. Biológicamente hablando, hombres y mujeres son distintos y, pretender que un hombre adopte un papel que no le corresponde, reprimiendo su masculinidad, va contra las leyes de la naturaleza (algo que no suele acabar bien).

Las generaciones actuales, conformadas por un número creciente de hombres que interpretan su masculinidad como algo negativo, siendo incapaces de gestionarla, son un hecho preocupante. Tomando como ideal a un «hombre sensible, correcto y nada conflictivo», los hombres viven frustrados intentando replicar un modelo inalcanzable.

El Dr. Glover no cree que la solución sea pasar al otro extremo. Un «hombre íntegro», tal y como plantea Glover, es aquel que abraza su masculinidad, entiende que hombres y mujeres son iguales y están llamados a cooperar entre sí, siendo capaz de establecer sus propios valores y actuar de acuerdo a ellos.

El papel de los padres

Otro punto interesante del libro es la relación entre una infancia problemática y el desarrollo del síndrome del «chico bueno». Muchos «Nice Guys» han tenido una relación conflictiva con su figura paterna, por lo que intentarán, por todos los medios, no caer en el mismo error que su progenitor. El hombre que se obsesiona con «no ser como su padre», caerá de lleno en una existencia marcada por un perfeccionismo insano, con tal de no repetir los errores del padre.

Quizá, como es mi caso, no hayas vivido una situación parecida, lo que no quita que aquellos adultos que te rodeaban en la infancia hayan podido influir en tu conducta. Las nuevas generaciones somos hijos de aquellos hombres que vivieron el cambio en el concepto de masculinidad. Muchos de estos padres han desarrollado conductas de “Nice Guy”, y, la falta de gestión de su propia masculinidad, ha derivado en la transmisión de estos comportamientos a las futuras generaciones.

Esto no quiere decir que sea culpa suya (y mucho menos de sus hijos), sino fruto de una sociedad en profundo cambio. Sin embargo, aceptar esta realidad puede ayudar a muchos jóvenes a detectar patrones propios del «chico bueno» y a ser capaces de trabajar en ello.

¿Cómo superar el síndrome del «Nice Guy»?

Como adelantaba antes, el Dr. Glover define al hombre íntegro, antagonista del «Nice Guy», como aquel que:

  • Esta cómodo y abraza su masculinidad, actuando siempre desde el respeto.
  • Hace lo que considera correcto y enfrenta las consecuencias de sus actos.
  • Es directo y claro con sus emociones, siendo capaz de gestionarlas.
  • Se acepta y quiere, haciéndose responsable de sus necesidades.
  • Es capaz de dar sin esperar nada a cambio y de asentar sus valores y límites.

¿Cómo llegar a ser este hombre íntegro? Glover asegura que a través de un cambio de paradigma. El paradigma de un «Nice Guy» (aquello que sustenta sus valores y su forma de ver la vida) podría resumirse en lo siguiente:

«Si puedo esconder mis defectos y llegar a ser lo que creo que los demás esperan de mí, entonces seré amado, satisfaceré todas mis necesidades y tendré una vida libre de problemas»

No hace falta decir que este paradigma se apoya en creencias totalmente erróneas. Sin embargo, el «chico bueno» no es consciente de ello y si, pese a seguirlo fielmente no obtiene resultados, la única medida que tomará será intentarlo con el doble de energías, ya que le es imposible entender que pueda estar equivocado.

Robert Glover
Sí, es una pésima estrategia…

Para romper esa barrera, Glover nos da una serie de recomendaciones, que intentaré resumir a continuación. Aun así, para un verdadero cambio, será necesario consultar el material completo que ofrece el libro.

El primer paso

El primer paso puede parecer el más simple, pero es también el que guarda la mayor dificultad: la aceptación.

Aceptar que se está viviendo como un «Nice Guy» no es sencillo, pero es imprescindible para salir de ello. Cambiar tus valores es un importante reto personal, que solo surtirá efecto si viene motivado por una profunda determinación.

Los ejercicios que propone el libro persiguen un cambio radical de comportamiento, por lo que es recomendable que te apoyes en aquellos en los que confíes y les hagas saber tus intenciones, en especial si tienes pareja. Supondrá un reto para ambos y, como explica Glover, podrán ocurrir dos cosas: que, al abrirte y no reprimir tus emociones, tu pareja lo acepte y la relación se potencie, o que tu pareja se resista al cambio y decida (o decidas tú) acabar con la relación.

En ambos casos, el riesgo merece la pena, puesto que no deberías conformarte con convivir con una persona que no es capaz de aceptar tu verdadero yo.

Consejos prácticos

Glover nos brinda una serie de consejos que permitirán al «Nice Guy» romper con su paradigma. Quiero enunciarte algunos, aquellos que considero más efectivos, pero, como comentaba antes, mi recomendación es que leas la obra completa.

  • Validación externa: buscar constantemente la validación de los demás es un rasgo típico de «Nice Guy». El ejercicio que nos propone Glover es apuntar todas aquellas acciones que realizabas para gustar a otros. Tras esto, deberás elegir una o varias de ellas y comprometerte a evitarlas durante un cierto periodo de tiempo. Sé consciente de cómo te sientes y de la posible ansiedad que pueda provocarte cambiar tu comportamiento.
  • Acepta tus defectos: piensa por qué escondes tus defectos y qué ganas o pierdes con ello. Intenta identificar qué comportamientos utilizas para ocultar tus imperfecciones (culpar a los demás, tratar de remediar tus errores siendo «perfecto», poner barreras en tus relaciones, etc).
  • Identifica tus «contratos no escritos»: un «Nice Guy» tenderá a convertir su vida en una transacción. Ayudará y se preocupará por los demás esperando recibir algo a cambio, pero sin comunicar sus expectativas al resto de personas. Lo que no entiende es que los demás no tienen por qué conocer este «contrato», volviéndoles resentidos y refugiándose en el victimismo. Si te sientes identificado, lo mejor que puedes hacer es aceptar tu comportamiento, entendiendo que la clave no es dar para recibir y llegando a ser capaz de comunicar tus expectativas y necesidades.
  • Tiempo para ti: es importante que seas consciente de tus necesidades y que te preocupes por cuidarte. Pasar tiempo solo, escuchándote y entendiéndote será vital para dejar atrás tus creencias y actitudes de «chico bueno». Regálate un paseo, un masaje o una tarde con amigos. Disfruta y no te victimices por quererte.
  • Pon tus necesidades primero: este punto está íntimamente ligado al anterior. Anteponer tus necesidades puede parecerte egoísta, pero es necesario que lo practiques si quieres respetarte. No quiere decir que te olvides de los demás y te conviertas en un narcisista, pero, de vez en cuando, valora el rumbo de tu vida y si esta respeta tus valores y necesidades. Te sorprenderás de cómo, dando espacio a los demás, estos se sentirán más cómodos contigo (lo creas o no, que alguien dedique su vida a complacerte puede llegar a ser estresante).
  • Relaciónate con otros hombres: un «chico bueno» tenderá a sentirse más cómodo estando solo o relacionándose con amigas. Debido a su incapacidad para aceptar su masculinidad, las relaciones con otros hombres le harán sentir incómodo y acomplejado. Para acabar con sus antiguos patrones, un «Nice Guy» deberá ser capaz de desarrollar relaciones de calidad con otros de su mismo sexo. Puedes empezar por llamar a un amigo al que no veas desde hace tiempo y proponerle dar una vuelta.
  • Deja atrás las expectativas: muchos «Nice Guys» viven frustrados por sus expectativas. Aunque repriman sus ideas y sentimientos, esperan que los demás se comporten de una determinada manera. Cuando esto no ocurre, se sienten defraudados y frustrados. La solución es tan sencilla como aceptar que es inevitable que no todo salga como uno espera. Si quieres que alguien cambie o actúe de cierta manera, tu única opción será comunicárselo, entendiendo que él o ella tienen la última palabra en su decisión.
  • Expresa tus emociones: quizá se trate del punto más obvio, a la vez que el más complicado. Tus emociones y pensamientos nunca serán malos o buenos de por sí, pero sí lo será la forma en que los gestiones. Ser honesto contigo mismo y con los demás es crucial para dejar de lado el victimismo y poder coger las riendas de tu vida. Deja de reprimirte y permítete sentir.

Mi conclusión

Este ha sido un pequeño resumen del libro, según propia mi interpretación. Empecé la lectura teniendo claro que era un «Nice Guy» y, tras acabar el libro, mis sospechas se confirmaron.

Quizá no sea un «Nice Guy» propiamente dicho, pero sí que distingo ciertos comportamientos característicos en mí mismo. Durante años, he actuado como un «chico bueno», lo que me ha llevado a reprimir emociones y a seguir modelos erróneos. Encontré esta obra tras ser consciente de ello, pero habría dado lo que fuera por haber descubierto al Doctor Glover mucho antes.

Quiero recalcar que, al contrario que en múltiples ejemplos descritos en el libro, nunca he tenido relaciones conflictivas con mis mayores. Creo que han hecho un buen trabajo. La sociedad forja conductas y pensamientos en los jóvenes y, lo queramos o no, es algo que los padres no pueden evitar.

Vivimos en una sociedad con un síndrome de «Nice Guy» muy arraigado. Necesitamos reconciliarnos con nuestra masculinidad, adaptándola a esta nueva sociedad, pero sin perder su esencia. Debemos entender que, para vivir en igualdad, hombres y mujeres deben abrazar su naturaleza. entendiendo que son distintos entre sí, pero merecedores del mismo trato. Pero, para ello, aun nos queda mucho por aprender.

Si te sientes identificado con lo expuesto en este post, debes leer «No More Mr. Nice Guy». Más que una recomendación, es un deber moral. Hazlo por ti y por todos aquellos que te rodean. Quererte y respetarte es mucho más complicado que seguir adoptando el papel de víctima, pero, te lo digo por experiencia, merece la pena.

Dónde comprar «No More Mr. Nice Guy»

Inglés (la que recomiendo): No More Mr. Nice Guy

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Español: ¡Basta ya de ser un Tipo Lindo! 

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