Reseña «Open: Memorias», autobiografía de Andre Agassi

Hace poco terminé Open, la autobiografía de Andre Agassi, escrita por el premio Pulitzer J. R. Moehringer. Andre Agassi es uno de los mejores tenistas de todos los tiempos, ganador de 8 Grand Slams y medallista olímpico con la selección de Estados Unidos.

En este artículo veremos los puntos principales de la filosofía de Agassi, así como los secretos que conferían a su juego un toque mágico. Y, tranquilo, no hace falta que te guste el tenis para entender lo que viene a continuación. De hecho, ni al propio Agassi le gustaba.

El tenista que odiaba la raqueta

«Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado.»

Aunque pueda parecer paradójico, estas son palabras de un tal Andre Agassi, uno de los mayores tenistas de la historia. Sí, un ganador de 8 Grand Slams que odiaba el tenis con toda su alma. En jerga futbolística, sería lo mismo que oír a Pelé decir que odia el fútbol, o a Lebron James que nunca le ha gustado encestar triples.

Lo cierto es que Agassi nunca quiso ser tenista, pero, en cierta forma, era su destino. Andre creció con una raqueta en la mano, gracias a la obsesión de su padre por el tenis. En su hijo, veía una futura estrella, que llevaría el apellido Agassi a las más altas cumbres del tenis mundial. Y, para ello, debía entrenarlo.

Agassi
Un joven Agassi golpeando la pelota.

Uno de los primeros recuerdos del pequeño Agassi gira alrededor del «Dragón». La particularidad de este dragón es que no escupía fuego, sino pelotas de tenis: se trataba de una máquina de lanzamiento de bolas (las que usan los tenistas para entrenar), modificada por el padre de Andre para lanzar pelotas con mayor velocidad y frecuencia.

Cada tarde de entrenamiento, Agassi debía enfrentar a esta monstruosa criatura, afrenta en la que solía salir perdedor. Y, todo ello, bajo la atenta mirada de un padre exigente e inflexible, que aprovechaba cualquier error para censurar a su hijo. Con el paso de los años, el patriarca Agassi fue capaz de forjar un jugador completo, aplicando una férrea disciplina. Este es un extracto de una conversación entre padre e hijo, tras la tentativa de Andre de cambiar el tenis por el fútbol:

«Mientras regresamos a casa, mi padre, sin mirarme, me dice: nunca más volverás a jugar al fútbol. Yo le suplico una segunda oportunidad. Le explico que no me gusta estar solo en una pista de tenis tan grande. El tenis es un deporte solitario, le digo. No tienes donde esconderte cuando las cosas van mal. No hay banquillo, no hay banda, no hay esquina neutral. Sólo estás tú ahí en medio. Desnudo. Él me grita con todas sus fuerzas: ¡tú eres jugador de tenis! ¡Tú vas a ser el número uno del mundo! ¡Tú vas a ganar mucho dinero! Ése es el plan, y no hay nada más que hablar.«


Camino al tenis profesional

A la edad de 15 años, Andre fue enviado a la Academia Bolletieri, una institución dedicada a moldear futuros jóvenes tenistas. A su vez, completaba sus estudios en la Academia Bradenton, siendo, en sus propias palabras, una de sus épocas más oscuras de juventud:

«Masco tabaco del más fuerte, Skoal, y Kodiak, empapado en whisky. Cuando pierdo algún partido, me meto un puñado del tamaño de una ciruela en la boca. Cuanto más grave es una derrota, mayor es el puñado. ¿Qué rebelión me queda ya? ¿Qué nuevo pecado puedo cometer para demostrarle al mundo que no soy feliz y que quiero volver a casa?»

-Andre Agassi

Durante esta etapa, Agassi comienza a sobresalir en el mundo del tenis y gana varios torneos menores. Tras dejar sus estudios en la Academia Bradenton, se enfrenta a uno de los momentos decisivos en su vida como tenis: el paso al tenis profesional. Tras ganar un torneo serio del circuito, debe tomar la decisión de aceptar el premio; pero, de hacerlo, se convertirá en tenista profesional, abocando su carrera al mundo del deporte:

«-Si ingreso ese cheque, papá, ya está.
Él hace como que hay interferencias en la línea.
-¡Has dejado el colegio! A efectos prácticos, te has quedado en octavo de primaria. ¿Qué alternativas tienes? ¿Qué otra cosa vas a hacer? ¿Ser médico?
Nada de lo que me dice es nuevo para mí, pero no soporto su manera de expresarlo.
Le digo al director del torneo que acepto el dinero. A medida que las palabras salen de mi boca, siento que todo un mundo de posibilidades se aleja de mí. No sé de qué posibilidades en concreto podría tratarse, pero ésa es, precisamente, la cuestión, que ya nunca lo sabré. El hombre me entrega el cheque, y mientras abandono su despacho me siento como si acabara de meterme en una carretera larga, muy larga, que parece descender hacia un bosque oscuro y siniestro.
Es 29 de abril de 1986. Hoy cumplo dieciséis años.
«

Durante esta primera etapa, Agassi comienza a mostrar looks extravagantes en la pista, uno de sus futuros sellos de identidad. A diferencia de lo que muchos piensan, se trata de un mecanismo de defensa de un adolescente asustado, tal y como refleja en sus memorias:

«Dicen que lo que quiero es llamar la atención, destacar sobre el resto. De hecho –como con mi cresta mohicana–, lo que intento es ocultarme. Dicen que pretendo cambiar las costumbres del juego, cuando en realidad lo que procuro es que el juego no me cambie a mí. Me llaman rebelde, pero yo no tengo la menor intención de serlo.»

Open
Agassi con su famosa (y olvidada) cabellera.

La caída a los infiernos

«Por más ganas que tenga de parar, no lo hago. Sigo suplicándome a mí mismo parar, y en cambio sigo. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, me parece la esencia de mi vida.»

-Andre Agassi

La carrera de Agassi está marcada por los altibajos, tanto emocionales como profesionales. Un día podía tocar el cielo en Wimbledon, para, al día siguiente, acabar expulsado y depresivo. Esta melancolía, frustración y desesperanza se ve reflejado en el siguiente fragmento, el cual narra una conversación con Brad, su entrenador:

«En el vestuario, Brad dice: ¿qué coñ…?
Me han descalificado.
¿Por qué?
Se lo explico.
Él niega con la cabeza. Su hijo Zach, de siete años, llora porque la gente es mala con tío Andre. Y porque el perrito se ha meado en la red.
Yo les pido que se vayan, y me quedo sentado en el vestuario una hora, solo, con la cabeza baja. O sea que ya estamos de nuevo donde estábamos. Un nuevo bajón. Muy bien. Sabré manejarlo. De hecho, puedo llegar a sentirme cómodo ahí. Puedo instalarme ahí. El sitio al que llegas cuando tocas fondo puede ser muy agradable, porque al menos descansas. Sabes que, durante una temporada, no irás a ninguna parte

Estos bajones emocionales le llevan a extremos impensables para un deportista de su nivel, llegando a coquetear con las drogas:

Pierdo contra Flach, claro está, y comunico a Brad que me tomo el verano libre. ¿Todo el verano? Nos vemos en otoño. Brooke y yo estamos instalados en Los Ángeles, pero yo me paso casi todo el tiempo en Las Vegas. Slim también está ahí, y muchas veces nos colocamos. Es todo un cambio sentirme con energía, sentirme contento, desatascado.

Estos dilemas existenciales parten de una profunda confusión. Dedicar la vida a un deporte que odias provoca una incoherencia muy fuerte, que, más tarde o más temprano, acaba cobrando su precio.

«Si ni yo mismo soy capaz de entender mis motivaciones, mis demonios, ¿cómo puedo pretender transmitírselos a unos periodistas que van con prisa?»

Agassi y el renacer

Si no fuese porque en la portada aparece Andre, «Open» podría tratarse de una obra sobre la superación y la lucha contra los demonios. Pero, ¿qué permitió a Agassi salir de ese pozo y reconciliarse con el tenis, y más importante aún, con su persona? Aunque cada paso del camino ha influido en ello, estos son los factores determinantes para su mejora y avance.


Un equipo unido

Si Agassi ha llegado a ser de los mejores tenistas, en parte, debe ese crédito a su equipo. Empezando por Gil, su preparador físico y gran amigo, y acabando por Steffi Graf, su esposa y compañera.

Andre Agassi y Gil
Agassi con Gil.

Gil es una de las personas que más han influido en el juego de Andre, redefiniendo su físico y alargando su carrera hasta una edad poco habitual en el mundo del tenis. Las primeras conversaciones entre ambos son muy reveladoras y siguen una línea similar a la siguiente:

«Él me pregunta: ¿cuánto corres todos los días?
Ocho kilómetros.
¿Por qué?
No lo sé.
¿Has corrido alguna vez ocho kilómetros durante un partido?
No.
¿Con qué frecuencia, durante un partido, corres más de cinco pasos en una misma dirección antes de detenerte?
No muy a menudo.
Yo no sé nada de tenis, pero me parece a mí que, cuando ya vas por el tercer paso, es preferible que empieces a pensar en parar, porque, si no, golpearás la pelota y seguirás corriendo, lo que significa que quedarás descolocado para dar el siguiente golpe. El truco está en reducir, golpear, frenar en seco y ponerse en marcha. Según lo veo yo, tu deporte no tiene que ver con correr, sino con parar y ponerse en marcha. Debes concentrarte en desarrollar los músculos que se necesitan para parar y ponerse en marcha.
«

Pero, para Agassi, Gil es más que un miembro de su equipo. Es un amigo, un padre. Tras conocerse, ambos crecen como personas y encuentran en el otro un apoyo y un motor de cambio.

«A veces, un entrenamiento con Gil es, en realidad, una conversación. No llegamos a tocar una sola pesa. Nos sentamos en los bancos de ejercicio y nos dedicamos a realizar asociaciones libres. Gil dice que hay muchas maneras de ponerse fuerte, y a veces hablar es la mejor de ellas»

Tal es la confianza entre ambos que Gil se convierte en el confidente de un confuso Agassi, herido por sus desencuentros amorosos y rupturas:

«Me traga la tierra. Me encierro en mi casa de soltero, bebo, duermo, como basura. Siento unos dolores intensos en el pecho. Se lo comento a Gil, que me dice que eso suena a corazón roto: desgarros diminutos que se resisten a curarse. Consecuencia de un exceso de uso.«

Aunque, no solo busca su consejo en los malos momentos. Como figura paterna, Gil allana el camino del joven Agassi, a través de sus consejos y su experiencia:

«Gil viene algunos días y me ayuda a ejercitarme un poco. Me intimida el hecho de que Brooke sea licenciada en literatura francesa por Princeton, mientras que yo no he terminado ni la secundaria. Gil ahuyenta de mí esas ideas, me da confianza.
Además, no pienses en si le gustas. Piensa en si te gusta ella a ti.
«


Agassi y la obsesión por los detalles

Agassi, como cualquier gran jugador, no vive solo de talento. Su obsesión por los detalles es tal que roza la paranoia, algo común en deportistas de élite. Por poner un ejemplo, nos fijaremos en su bolsa. Nadie puede tocar su bolsa de deporte, ya que representa un ritual sagrado para él.

«Si alguien metiera en mi bolsa de tenis unos calcetines de rombos sin yo saberlo, lo notaría. La bolsa de deporte se parece mucho al corazón: debes saber qué contiene en todo momento.»

-Andre Agassi

Al igual que a la bolsa, Agassi presta especial atención a sus raquetas. Para él, son sus instrumentos de trabajo y, por tanto, deben encontrarse en perfecto estado. Tanto es así, que encarga el tensado de las mismas a uno de los mayores expertos en raquetas del mundo, para no dejar nada al azar.

«A veces, si me siento perdido y solo en alguna ciudad extranjera, me siento junto a él y lo observo mientras tensa raquetas. No es que desconfíe de él, sino todo lo contrario: ver trabajar a un artesano me calma, me ancla en la tierra, me inspira. Me recuerda la extraordinaria importancia que en este mundo tiene el trabajo bien hecho.
Las raquetas de serie le llegan a Roman en una gran caja, desde la fábrica, y siempre desordenadas. Para el ojo profano, todas se ven idénticas; para Roman, son tan distintas como rostros en medio de una multitud. Las vuelve del derecho y del revés varias veces, frunce el ceño y realiza cálculos mentales. Finalmente, se pone manos a la obra. Empieza por eliminar la empuñadura de serie, y la sustituye por la mía, la que llevo usando desde que tenía catorce años. Mi empuñadura es tan personal como mi huella dactilar, producto no sólo de la forma de mi mano y la longitud de mis dedos, sino del tamaño de mis callosidades y de mi fuerza de agarre.»


Ser humilde cuando es necesario

Agassi empezó siendo un díscolo, pero, como el mismo dijo, «aprendió a inclinarse». Esta humildad tiene su máximo exponente durante su participación en un torneo de promesas, tras venir de ser número uno del mundo. En comparación, sería como ver jugar a Messi en Tercera Regional. Así es como describe uno de los pasajes del torneo:

«De vez en cuando una pelota de otro campo aterriza en el tuyo y se pasea frente a tus pies. Y oyes: ¡un poco de colaboración, por favor! Y debes dejar lo que estés haciendo y devolver la pelota. Ahora el recogepelotas eres TÚ. De nuevo.
Además, debes actualizar el marcador tú mismo. Manualmente. Durante los cambios, muevo los numeritos de plástico, en lo que parece un juego infantil.»

Pero, tras la humildad, llega la determinación. Como luego comenta: «Entiendo que entre donde estoy y donde debo estar hay un espacio que cubrir, y confío razonablemente en que llegaré a cubrirlo.» Para ello, acude a su equipo, empezando por Gil, el cual, tras analizar la situación, le dirige una de mis frases favoritas de la obra:

«No importa dónde hayas estado, dice. A partir de ahora, lo que importa es hacia dónde vas.»


Una causa mayor

Finalmente, uno de los factores decisivos en la carrera de Andre es el encontrar una causa mayor para jugar al tenis. Su desesperanza es palpable, tal y como recoje en un pasaje, tras alcanzar el primer puesto del ranking de la ATP:

«Me paso varias horas pateando las calles de Palermo, tomando café solo, muy fuerte, preguntándome qué coño me pasa. Lo he conseguido. Soy el mejor jugador de tenis del mundo, y sin embargo me siento vacío. Si ser el número uno me hace sentir así, ¿qué sentido tiene serlo? ¿Por qué no me retiro y punto?»

Esta visión cambia al fundar su escuela de tenis y enseñanza básica. Ahora ya no juega por él ni por su padre, sino por los miles de niños que asisten a la escuela. Cuantas más victorias, mayores beneficios y repercusión para hacer crecer la academia. Y, así, Agassi se reconcilia con el tenis.

«Juego para recaudar fondos para mi escuela, y para darle visibilidad. Después de todos esos años, ya tengo lo que siempre había querido, algo por lo que jugar, algo que va más allá de mí y, a la vez, está estrechamente relacionado conmigo. Algo que lleva mi nombre pero que no se limita a mí. La Andre Agassi College Preparatory Academy.»

Conclusiones

Estas son unas pequeñas pinceladas de «Open», uno de los libros que ha entrado en mi lista de favoritos. Creo que, en parte, se debe a que me identifico bastante con la actitud y el cableado de Agassi. Su lucha interna y autoexigencia es algo en lo que me veo reflejado (aunque no sé si eso es algo bueno). Al menos, queda demostrado que hay esperanza y que, con trabajo y apoyo, las situaciones difíciles pueden revertirse.

Así que, si te ha interesado mínimamente el contenido del post, dale una oportunidad a la obra completa. Puedes hacerte con ella aquí:

Espero que le des una oportunidad y que te guste una décima parte de lo que me ha gustado a mí. Si es así, déjame tu opinión en los comentarios. 😉

Hasta entonces, nos leemos.

Un abrazo,

-Javier

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